lunes, 24 de febrero de 2014

Puzles incompletos (III)


La risa y el trabajo siguieron. Era simple. Al menos para ellos. El entrevistaba, ella analizaba. Supo que ella había entrevistado pero había decidido no hacerlo. Había pedido no hacerlo.
Para él toda entrevista era redundante. Sabía de antemano lo que se buscaba. Las piezas no mienten. Los reflejos tampoco.
Individuos que llegaban a él hablando de amores imposibles, de estabilidad vital y de los que tenía que apartar la mirada para que no le deslumbrara su entrepierna; mujeres que se le mostraban con velos de amor y de compatibilidad intentando ocultar las iridiscentes necesidades de su vientre sobre hijos no mencionados; psicópatas de piezas de aristas y puntas afiladas de venganza y bordes de locura; eternas compulsivas de tristezas oscurecidas en su pecho y sus labios.
Los intuía casi de antemano. Lo comprobaba tras la presentación. Lo corroboraba tras diez minutos de conversación. El resto era protocolo obligado de la empresa.
Pero ella era distinta. En los análisis ella lo adivinaba. Lo intuía. Era como si supiera algo que los demás no sabían. Era como si viera las piezas.
¿Las veía o simplemente era le experiencia?, ¿podría tener su mismo don, su misma maldición, o simplemente tiraba de intuición y de conocimiento?
Y sus piezas también eran distintas.
Tenía bordes como todas, tenían matices, brillos y refulgencias, como todas. Pero no había aristas, no había filos. En ocasiones le recordaba al hombre del centro comercial. Pero aquel hombre estaba hecho de una pieza.
Siguieron entrevistando, analizando, bromeando y riendo. La risa era un arma que sorprendía en las salas de análisis.
Los había que miraban con una expresión adusta como de disgusto profesional que era incapaz de ocultar la reverberación de su envidia. Otros se acercaban y cerraban la puerta de su estancia aduciendo problemas de audición en sus propios análisis. La risa se multiplicaba cuando la puerta estaba cerrada tras incluir en la causa de la misma al que pretendía eludirla.
Y su velo era distinto. Lo tenía. Todos hemos mentido, todos mentiremos y todos convivimos con la mentira. Pero era distinto. Era como si supiera que estaba ahí, como si las luces y las sombras de sus piezas lo atravesaran cuando era necesario. Como una rutina, como una capacidad enquistada que se tiene pero a la que no se recurre demasiado.
 -Pero ¿tú le has visto? -le dijo ella un día y continuó imitando la voz falsamente profunda e impostada del hombre- “he tenido mis aventuras, no voy a negarlo, pero ahora soy diferente quiero una relación estable, alguien que comparta conmigo y con quien compartir” ¡Anda ya! Ese tío lo único que quiere es alguien que le planche los calzoncillos
- No sé, parecía que lo decía en serio -replicó él ocultando el hecho de que el brillo de sus ojos, el único lugar que solo se enciende con las verdades, le había demostrado que decía la verdad.
- La misma sinceridad que un gato diciéndole a una rata que se acerque -contestó ella con cierto desprecio-.
- No hace falta que me trates como un idiota porque sea nuevo -replicó él en un reflejo de ira-.
- Yo no… -era la primera vez que la veía balbucear, interrumpirse, dudar-.
Era lo que más le molestaba. A veces hablaba con una suficiencia que le crispaba los nervios. Como si creyera saberlo todo. Como si su barbilla estuviera por encima del hombro de la humanidad.
- No he subido el informe de personalidad virtual -anunció levantándose- Voy a por él.
Y se marchó para eludir la discusión. Para eludirla a ella, para eludir las piezas y las luces.
Descendió dos pisos por las escaleras. Dándose tiempo a  tranquilizarse y entró en la oficina central. Se acercó a los archivadores que contenían los informes de personalidad virtual. Los dos seres sin brillos y sin piezas estaban, como siempre, opacos en su supervivencia monitorizando los ordenadores conectados a las redes sociales. Atisbo por encima del hombro de una de ellas.

 Be-lee @belee662 hace 4 m
Que sea imposible que ocurra no implica que no acabe ocurriendo
Jinete de los Vientos @jinetedelviento hace 4 m
@belee662 A menos que te empeñes en que no pase
Duque de Randualles @lesskin hace 2 m
@jinetedelviento @belee662 ¿Por qué no dejáis de hablar con acertijos? Si las indirectas brillasen, vuestro Twitter sería Las Vegas

 -¿Quiénes son? -preguntó sabiendo que no eran clientes. Su pregunta sorprendió a las mujeres sin reflejos veladas de mentira con cien piezas opacas-.
- No lo sabemos -y una línea brillante de complicidad recorrió una de las piezas que formaba su cabello-. Alguien debió programar algo mal en las alertas y cuando cualquier de ellos tuitea nos salta su conversación en prioridad. Podemos quitarla pero dicen cosas muy raras. Son entretenidos.

Astara @astara hace 2 m
@belee662 @lesskin @jinetedelviento Si tuvierais conciencia de lo difícil que es nacer humano perderíamos menos el tiempo.

Se giró para marcharse. No le encontraba ningún sentido a aquella conversación. No tenía referencias. En Twitter la referencia es fundamental. El trino de aviso de la red le hizo girarse de nuevo cuando estaba a punto de abandonar a las mujeres sin destellos.

 Jinete de los Vientos @jinetedelviento hace 2 s
@belee662 @lesskin @astara  Conversaciones interminables. Puzles incompletos.

De nuevo aquel mensaje. De nuevo parecía que para él. De nuevo la casualidad disfrazada de forzada causalidad. Sonrío.
Cuando llegó a las salas de análisis llevaba la sonrisa puesta. La amplió cuando miró a su compañera.
La luz se deslizó por todas y cada una de las piezas que ella le mostró al girarse hacia a él. Supuso que era verde pálida. Cuando veía los colores, el alivio era verde pálido. Verde pálido deslizante.
Amplió aún más su sonrisa. Que lo hiciera por sabía que ella lo necesitaba no significaba que la sonrisa fuera falsa. Él también la necesitaba.

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La política de Rommates era realizar las entrevistas con los clientes en “entornos diferenciados”.
En la web sonaba profesional, entretenido e incluso algo misterioso. En la práctica suponía un peregrinar cansino y agotador de los entrevistadores por garitos infectos, bares de moda, parques semidesérticos, cafeterías cochambrosas y toda una suerte de locales y ubicaciones en los que no tenía sentido hacer una entrevista a un cliente.
Se suponía que de eso se trataba.
Aquel día le había tocado un parque. Con el frío enraizándose como un zarcillo venenoso en los huesos del atardecer, le había tocado un parque; con la niebla cayendo para ejercer de sudario del día que concluía, le había tocado un parque. Con la mala leche que el cansancio y el día entero de trabajo habían acumulado en su ánimo, le había tocado un parque.
Avanzaba rápido por el camino de grava anaranjada que supuestamente servía para que las bicicletas circularan hacia el punto de reunión, un banco junto a una zona de juegos infantiles, cuando reparó en él.
Sentado en una de esas piedras decorativas con las que los diseñadores pretenden romper las líneas rectas con las que el ser humano se empeña en pintar el mundo estaba el hombre del centro comercial.
Seguía siendo negro brillante, seguía sin tener aristas. Seguía siendo de una pieza.
Sin saber por qué se sentó junto a él, sacó un cigarrillo y lo encendió. El hombre estaba absorto en la pantalla de su Smartphone, como lo había estado en el centro comercial. Alzó la mirada y sonrió, como lo había hecho en el centro comercial. Volvió a su pantalla, como había hecho en el centro comercial.
- Estaba el otro día en el centro comercial, ¿verdad? -y cuando terminó de hacer la pregunta ya le parecía absurda-.
- Hay muchos otros días y muchos centros comerciales, ¿no crees? -y la respuesta le pareció más lógica que irónica-.
- Es cierto
- Sí, es cierto. Tan cierto como que el pasillo del detergente no es un lugar adecuado para ligar -la sonrisa del hombre se amplió hasta una carcajada suave, cómplice. Él se unió a la carcajada y a la complicidad-.
Sin solución de continuidad, el hombre le puso el móvil delante de los ojos.
- ¿Te gusta?
  
Jinete de los Vientos @jinetedelviento hace 2 s
A veces es difícil elegir cuando no tienes balas para todos.

- ¿Es usted Jinete de los vientos? -La sorpresa se adueñó de él. Si hubiera podido ver sus propias piezas todas serían amarillo nacarado-.
- Es un buen tuit, -dijo el hombre mientras apretaba el botón de enviar- Cuando era más joven me llamaban de otra forma.
Las respuestas comenzaron a llegar

Be-lee @belee662 hace 2 s
@jinetedelviento Desayuna metralla. Aumenta las posibilidades de cubrir los objetivos
Duque de Randualles @lesskin hace 2 s
@jinetedelviento Como dijo el viejo general: sonríe, estrecha manos… y lleva una división acorazada en el bolso ¿o era en otro sitio?
Astara @astara hace 2 s
@jinetedelviento “Siempre es la mano y no el puñal. Nunca es lo que pudo haber sido”.
Ángel do Pedra @adopedra hace 2 s
@jinetedelviento Morir matando y sin razón es disparar al aire con balas de foguero
Hacedor sin lágrimas @Insanj hace 2 s
@jinetedelviento ¿para qué matarles si ya han decidido que están muertos?

- ¿Quiénes son? -pregunto mientras las respuestas seguían desgranándose en la pantalla del móvil-.
- Amigos, enemigos, aliados, ganadores y perdedores de todas mis batallas. Entrañables desconocidos. Como ese que está llegando lo es para ti, supongo.
Se levantó y comenzó a caminar dándole la espalda.
Antes de que pudiera reaccionar se sentó en el banco un individuo que se dirigió a él
- Buenos días, o mejor dicho, tardes -dijo mientras se apartaba los faldones de la levita para sentarse en la fría madera- ¿es usted el entrevistador de Rommates?, Encantado…

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