domingo, 16 de febrero de 2014

Dos minutos sin avatar (I)

Era en Instagram un ojo de ámbar mirando hacia un lado imposible.
En Twitter, una sonrisa constante e incompleta; en Badoo unas piernas tan largas que tocaban el suelo; en Meetic un escote perfecto, en Tuenti, unos labios carnales; en Line una sombra difusa, en Whatsapp una cara de gato.
Y todas eran ella. Y ninguna era suya.
Y en Facebook no era nada, una silueta blanca enmarcada en azul, lo mismo que era en LinkedIn. Ahí se juega a otra cosa. A ocultar lo que eres, no a mostrar lo que no eres.

Aquella mañana la despertó, como casi siempre, el piar del pájaro constante. Buscó a tientas, sin apenas abrir la mirada, el móvil, el IPhone enganchado sobre la mesilla al enchufe de la pared desnuda para no perder ritmo, para no descansar, para estar siempre listo.
Con el gesto torcido contempló la hora, las ocho y media. Era un clásico.
- Los tíos siempre se despiertan empalmados y creen que es nuestra obligación compartir su estado –pensó de forma inconexa al tiempo que pasaba el dedo por la pantalla en un arcano recorrido solo conocido por ella para desbloquear el móvil-. El tuit la despertó de golpe.

Jinete de los Vientos @jinetedelviento hace 12 s
@DiosaFortuna Los amores cuando mueren se hacen tormenta.

Durante unos segundos lo observó, lo leyó varias veces y se encogió de hombros ¿Quién era @jinetedelviento?
Su lista de seguidores superaba el millar. Estaba bien pero era imposible tenerlos a todos controlados. Podía ser uno de esos intensos de frases sonoras robadas a las páginas de citas y los libros de autoayuda; podía ser alguno de esos que creían que un polvo de una noche les daba acceso permanente a tu existencia a través de indirectas en Twitter o…
- Pues sí que has tenido un sueño erótico complicado, chaval –sonrió para sus adentros mientras tuiteaba en respuesta su ocurrencia- Al concluir, se echó hacia atrás en el lecho, chocó con unas firmes nalgas y terminó de recordar.
Un polvo de una noche. 
- He follado- . Y el recuerdo la sacudió como un zumbido de Whatsapp.
- Ha sido un buen polvo- pensó- . Rabioso, enfebrecido, paliativo, terapéutico.  De esos que parecen que curan pero sólo atenúan; de esos que, de repente, se muestran programados en la mente y el cuerpo, como lavar el coche o acudir al dentista aparecen en la agenda del iPhone. De esos que se buscan y se encuentran sencillos, que parecen urgentes y son irrelevantes, que suenan necesarios y son intrascendentes.
De esos que te recomiendan las amigas cuando lloras y te exigen los enemigos cuando gritas.
De esos que ponen vaselina en las heridas y no pueden cerrarlas, que se piensan deprisa y apenas si se sienten. De esos en los que nada pides porque no tener conciencia de que debas dar nada, que arrojas al olvido, que fuerzas al silencio.
Hizo por terminar de despertarse a un ritmo inusualmente lento para volver a depositar en orden dentro de su cabeza todo lo que se había visto obligada a arrancar la noche anterior de su mente para dejar espacio a las burbujas de la cola y el alcohol de los rones.
Se giró despacio en la cama y las sábanas crujieron. Le pareció que lo hacían demasiado alto, cómplices de su despertar y le miró.
Casi no tenía nombre. No para ella.
Era un torso desnudo en Badoo con el reflejo de su cuarto de baño en el espejo. Era una barba, de esas de pocos días que algunos de los hombres se dejan y se cuidan, en Meetic; era la ilustración de un motero en Twitter. Era el polvo de anoche.
Estuvo tentada de recorrer con el dedo su torso, depilado y contorneado por un ritmo de gimnasio moderado. Pero no lo hizo. Demasiado personal.
Mientras saltaba de la cama no pudo evitar sonreír con el mismo gesto torcido que mostraba uno de sus avatares. Esa que le salía cuando ni ella misma se  creía lo que estaba pensando o diciendo.
- Pasar un dedo por un pecho masculino desnudo no puede ser más íntimo que lo que hemos estado haciendo una parte de la noche –sonrío su mente-. Y hemos hecho bastantes cosas.
Pero no le conocía. En realidad sí. Pero no tenía  que volver a verle si no quería. Eso estaba bien.
Se levantó despacio para no despertarle y se fue al cuarto de baño. De camino arrancó de forma automática el IPhone de su repisa de carga y se lo llevó consigo.
Comenzaban a desgranarse los tuits, aparecían uno detrás de otro, en una cadencia que llegaba a acumularlos, a amalgamarlos, en la pantalla. La red se despertaba. No abandonaba su sueño pero se despertaba.
Tuits de esos anodinos, de esos que gente educada y cortes se empeña en hacer. Saludos a gentes que no esperan ni quieren un saludo.
Desde los anodinos “Buenos días” hasta los motivadores “¡A la Brecha!, desde los cínicos que hablan de lo perdido hasta los positivistas que hablan de lo que se espera encontrar. Saludos de gentes que no existen en un mundo más allá de todos los peligros.
Había acabado desnuda la noche así que no tuvo que hacer otra cosa que abrir el grifo y esperar a que el agua se calentara para empezar a ducharse.
Justo cuando el primer chorro ardiente golpeaba contra su piel como un flagelo suave escuchó elevarse el trino del pájaro de Twitter por encima de los sones duros de Foo Fighters que sonaban desde la lista de reproducción preseleccionada por Spotify para despertarse que sonaba en su móvil. Lo ignoró.
- Seguro que el jinete ese ha contestado – acertó a pensar antes de que el agua caliente y el jabón condujeran su cuerpo por fin hacia el despertar definitivo.
Al salir de la ducha se contempló en el espejo.
Era bella. No una belleza hierática y formal, no una belleza de canon y proporciones milimétricas. Era bella, pero ella no lo sabía o no quería saberlo.
Su cuerpo no era escultural, no era esa masa firme mezcla de fibra y silicona que desgranan los perfiles falsos de Badoo y las fotos robadas de Tuenti. Pero conservaba el atractivo que tienen las formas de aquellas que han conseguido mantener y acrecentar lo que más resalta de su físico y controlar lo que menos favorece.
Era uno de esos cuerpos que tienen el atractivo de la mesura y de mantenerse en un tiempo indefinido que hace que nadie los coloque en una edad determinada, que nadie se atreva a hacerlo por miedo a excederse o a quedarse corto. Pero ella no lo reconocía o no quería reconocerlo.
Con la toalla ya sujeta  alrededor del cuerpo y las manos secas tomó de nuevo el IPhone. Tardó unos segundos de deslizar el pulgar por la pantalla hasta encontrar el tuit que había llegado en el momento de empezar a ducharse. Aquel que iba dirigido exclusivamente a ella.
A esas horas las redes ardían de actualizaciones para quitarse las legañas virtuales.
Esperaba encontrarse algo sugerente, burdo o incitante.
 –Que el primer tuit del día hable de fantasías sexuales es algo atrevido –pensó- Esperaba que el Jinete se hubiera venido arriba.
Lo encontró.

Jinete de los Vientos @jinetedelviento hace 12 minutos
@DiosaFortuna Nunca son fantasía. Son miedo o riesgo.

De nuevo la respuesta la descolocó. De nuevo se quedó quieta unos segundos con el IPhone en las manos. Esta vez fue el zumbido de Whatsapp la que sacó de su sorpresa virtual.


Ritalabomba
- No me pasas hoy a buscar??? Estas bien?üü
- Estoy saliendoüü

Sacudió la cabeza. No tenía tiempo para metáforas filosóficas ni para arrastrar su mente con símiles baratos entre un polvo y su vida. Acelerada, innecesario, irrelevante, repetitiva… Volvió a sacudir la cabeza.
Diez minutos después salía por la puerta. El torso de Badoo se había marchado mientras ella se duchaba. Buen chico. Cobarde pero buen chico. Buen polvo.
De esos que se escondía a sí misma  y arrojaban su recuerdo al gueto de lo absurdo y de lo innecesario a la mañana siguiente, de esos que la obligaban a olvidarse a sí. De esos que se mentía.

- Ha sido un polvo bueno –se repitió mientras conducía hacia el comienzo del día- ¿Por qué entonces me siento como si tuviera que tener de nuevo motivos para el llanto?

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