Era en Instagram un ojo de ámbar mirando hacia un lado
imposible.
En Twitter, una sonrisa constante e incompleta; en Badoo
unas piernas tan largas que tocaban el suelo; en Meetic un escote perfecto, en
Tuenti, unos labios carnales; en Line una sombra difusa, en Whatsapp una cara
de gato.
Y todas eran ella. Y ninguna era suya.
Y en Facebook no era nada, una silueta blanca enmarcada en
azul, lo mismo que era en LinkedIn. Ahí se juega a otra cosa. A ocultar lo que
eres, no a mostrar lo que no eres.
Aquella mañana la despertó, como casi siempre, el piar del
pájaro constante. Buscó a tientas, sin apenas abrir la mirada, el móvil, el IPhone
enganchado sobre la mesilla al enchufe de la pared desnuda para no perder
ritmo, para no descansar, para estar siempre listo.
Con el gesto torcido contempló la hora, las ocho y media.
Era un clásico.
- Los tíos siempre se despiertan empalmados y creen que es
nuestra obligación compartir su estado –pensó de forma inconexa al tiempo que
pasaba el dedo por la pantalla en un arcano recorrido solo conocido por ella
para desbloquear el móvil-. El tuit la despertó de golpe.
Jinete de los Vientos
@jinetedelviento hace 12 s
@DiosaFortuna Los amores cuando mueren se hacen tormenta.
Durante unos segundos lo observó, lo leyó varias veces y se
encogió de hombros ¿Quién era @jinetedelviento?
Su lista de seguidores superaba el millar. Estaba bien pero
era imposible tenerlos a todos controlados. Podía ser uno de esos intensos de
frases sonoras robadas a las páginas de citas y los libros de autoayuda; podía
ser alguno de esos que creían que un polvo de una noche les daba acceso
permanente a tu existencia a través de indirectas en Twitter o…
- Pues sí que has tenido un sueño erótico complicado, chaval
–sonrió para sus adentros mientras tuiteaba en respuesta su ocurrencia- Al concluir,
se echó hacia atrás en el lecho, chocó con unas firmes nalgas y terminó de
recordar.
Un polvo de una noche.
- He follado- . Y el recuerdo la sacudió como un zumbido de
Whatsapp.
- Ha sido un buen polvo- pensó- . Rabioso, enfebrecido,
paliativo, terapéutico. De esos que
parecen que curan pero sólo atenúan; de esos que, de repente, se muestran
programados en la mente y el cuerpo, como lavar el coche o acudir al dentista
aparecen en la agenda del iPhone. De esos que se buscan y se encuentran
sencillos, que parecen urgentes y son irrelevantes, que suenan necesarios y son
intrascendentes.
De esos que te recomiendan las amigas cuando lloras y te
exigen los enemigos cuando gritas.
De esos que ponen vaselina en las heridas y no pueden
cerrarlas, que se piensan deprisa y apenas si se sienten. De esos en los que
nada pides porque no tener conciencia de que debas dar nada, que arrojas al
olvido, que fuerzas al silencio.
Hizo por terminar de despertarse a un ritmo inusualmente
lento para volver a depositar en orden dentro de su cabeza todo lo que se había
visto obligada a arrancar la noche anterior de su mente para dejar espacio a
las burbujas de la cola y el alcohol de los rones.
Se giró despacio en la cama y las sábanas crujieron. Le
pareció que lo hacían demasiado alto, cómplices de su despertar y le miró.
Casi no tenía nombre. No para ella.
Era un torso desnudo en Badoo con el reflejo de su cuarto de
baño en el espejo. Era una barba, de esas de pocos días que algunos de los
hombres se dejan y se cuidan, en Meetic; era la ilustración de un motero en
Twitter. Era el polvo de anoche.
Estuvo tentada de recorrer con el dedo su torso, depilado y
contorneado por un ritmo de gimnasio moderado. Pero no lo hizo. Demasiado
personal.
Mientras saltaba de la cama no pudo evitar sonreír con el
mismo gesto torcido que mostraba uno de sus avatares. Esa que le salía cuando
ni ella misma se creía lo que estaba
pensando o diciendo.
- Pasar un dedo por un pecho masculino desnudo no puede ser
más íntimo que lo que hemos estado haciendo una parte de la noche –sonrío su
mente-. Y hemos hecho bastantes cosas.
Pero no le conocía. En realidad sí. Pero no tenía que volver a verle si no quería. Eso estaba
bien.
Se levantó despacio para no despertarle y se fue al cuarto
de baño. De camino arrancó de forma automática el IPhone de su repisa de carga
y se lo llevó consigo.
Comenzaban a desgranarse los tuits, aparecían uno detrás de
otro, en una cadencia que llegaba a acumularlos, a amalgamarlos, en la pantalla.
La red se despertaba. No abandonaba su sueño pero se despertaba.
Tuits de esos anodinos, de esos que gente educada y cortes
se empeña en hacer. Saludos a gentes que no esperan ni quieren un saludo.
Desde los anodinos “Buenos días” hasta los motivadores “¡A
la Brecha!, desde los cínicos que hablan de lo perdido hasta los positivistas
que hablan de lo que se espera encontrar. Saludos de gentes que no existen en
un mundo más allá de todos los peligros.
Había acabado desnuda la noche así que no tuvo que hacer
otra cosa que abrir el grifo y esperar a que el agua se calentara para empezar
a ducharse.
Justo cuando el primer chorro ardiente golpeaba contra su
piel como un flagelo suave escuchó elevarse el trino del pájaro de Twitter por
encima de los sones duros de Foo Fighters que sonaban desde la lista de
reproducción preseleccionada por Spotify para despertarse que sonaba en su
móvil. Lo ignoró.
- Seguro que el jinete ese ha contestado – acertó a pensar
antes de que el agua caliente y el jabón condujeran su cuerpo por fin hacia el
despertar definitivo.
Al salir de la ducha se contempló en el espejo.
Era bella. No una belleza hierática y formal, no una belleza
de canon y proporciones milimétricas. Era bella, pero ella no lo sabía o no
quería saberlo.
Su cuerpo no era escultural, no era esa masa firme mezcla de
fibra y silicona que desgranan los perfiles falsos de Badoo y las fotos robadas
de Tuenti. Pero conservaba el atractivo que tienen las formas de aquellas que
han conseguido mantener y acrecentar lo que más resalta de su físico y
controlar lo que menos favorece.
Era uno de esos cuerpos que tienen el atractivo de la mesura
y de mantenerse en un tiempo indefinido que hace que nadie los coloque en una
edad determinada, que nadie se atreva a hacerlo por miedo a excederse o a
quedarse corto. Pero ella no lo reconocía o no quería reconocerlo.
Con la toalla ya sujeta alrededor del cuerpo y las manos secas tomó de
nuevo el IPhone. Tardó unos segundos de deslizar el pulgar por la pantalla
hasta encontrar el tuit que había llegado en el momento de empezar a ducharse. Aquel
que iba dirigido exclusivamente a ella.
A esas horas las redes ardían de actualizaciones para
quitarse las legañas virtuales.
Esperaba encontrarse algo sugerente, burdo o incitante.
–Que el primer tuit
del día hable de fantasías sexuales es algo atrevido –pensó- Esperaba que el
Jinete se hubiera venido arriba.
Lo encontró.
Jinete de los Vientos
@jinetedelviento hace 12 minutos
@DiosaFortuna Nunca son fantasía. Son miedo o riesgo.
De nuevo la respuesta la descolocó. De nuevo se quedó quieta
unos segundos con el IPhone en las manos. Esta vez fue el zumbido de Whatsapp
la que sacó de su sorpresa virtual.
Ritalabomba
- No me pasas hoy a buscar??? Estas bien?üü
- Estoy saliendoüü
Sacudió la cabeza. No tenía tiempo para metáforas
filosóficas ni para arrastrar su mente con símiles baratos entre un polvo y su
vida. Acelerada, innecesario, irrelevante, repetitiva… Volvió a sacudir la
cabeza.
Diez minutos después salía por la puerta. El torso de Badoo
se había marchado mientras ella se duchaba. Buen chico. Cobarde pero buen chico.
Buen polvo.
De esos que se escondía a sí misma y arrojaban su recuerdo al gueto de lo
absurdo y de lo innecesario a la mañana siguiente, de esos que la obligaban a
olvidarse a sí. De esos que se mentía.
- Ha sido un polvo bueno –se repitió mientras conducía hacia
el comienzo del día- ¿Por qué entonces me siento como si tuviera que tener de
nuevo motivos para el llanto?

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