miércoles, 19 de febrero de 2014

Aullidos al Sol


No le aullaba a la luna. 
Le aullaba a soles que nunca acaban de salir, le ladraba a días que nunca acababan de llagar
Soltaba su alma por la boca esperando que volara a alguna parte. Deseando que el hálito de aquello que enviaba a la nada se impregnara en las pieles de otros, en los cuerpos de otras, en las vidas de todos. 
No aullaba a la luna porque lucía , él le ladraba al sol por no lucir. 
Expelía partes enteras de su amplio corazón convertidas en humo intentando que, en su liviana forma, surcaran veloces el vacío y llegaran a ojos que nos miraban sin verle , a oídos que nos oían sin querer escucharle. 
Esperando que supieran decir aquello que nunca había aprendido a decir palabras, que no sabía trasmitir con sus miradas, que no era capaz de percibir con sus sentidos. 
Aullaba deseando que ese helado vaho que abandona su gélida garganta tocara almas dormidas, curara las heridas llagadas, enderezara las líneas retorcidas y abriera otras  vidas cerradas. 
Calentara las tristezas, escondiera los temores, desatara las grandezas o encendiera los amores. 
No aullaba toda el alma a la luna que brilla mortecina. La expelía de golpe al sol que brillaría si esta sobreviviese  al éter en que nada hasta que alguien se dignara ponerse a respirarla.


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