Era el Tono de Gloria. Los Moddy Blues. Una canción estúpida
que a Gloria le encantaba y que se había empeñado en que pusiera como su tono.
Gloria sabia en lo
que estaba –pensó mientras apartaba el rostro de él, mientras sentía el frío en
la nuca y se daba cuenta de que la mano había dejado de estar ahí- . Ella había
dejado claro lo que estaba ocurriendo, lo que iba a ocurrir, lo que quería que
ocurriera. Y ahora cinco minutos después la llamaba. Estaba llegando a casa le
había dicho en un whatsapp u ahora llamaba… estaba llegando a casa…
- Mierda –dijo rebuscando el móvil en el bolso- es el tono de una amiga, no me
llamaría si no tuviera problemas –esta vez dijo la verdad. No por eso se sintió
menos incómoda-.
Respondió
- ¿Qué pasa, Gloria?
- No me deja entrar. Marcos no me deja entrar en casa
- ¿Qué dices?
Mientras hablaba se encaminó hacia la puerta del local.
Salió a la calle. El frío casi la paralizó. Afortunadamente se había sacado el
tabaco. Se encendió un cigarrillo. Eso mitigó la sensación de frío.
Gloria seguía desgranando entre sollozos e imprecaciones su
tragedia. La oyó hablar de cerraduras cambiadas, de haber llamado al timbre y
no recibir respuesta pese a que las luces estaban encendidas, de que el
teléfono de la casa sonaba y sonaba y nadie lo cogía, de que Marcos había
apagado el móvil.
-¡No sé qué hacer! Tienes que llamarle y decirle que estaba
contigo.
- No sea tonta. Tranquilízate. No serviría de nada. Si te ha
pillado no será por lo de hoy
- ¿Y qué ha podido ser?
-¡Qué más da! –Estalló- Le has mentido tantas veces que no
puedes tener cobertura para todas ellas
- Eso, ponte de su lado, ahora.
- Siempre he estado de su lado Gloria. No te juzgo, pero siempre
he estado de su lado. Él no te engaña prácticamente todos los días
Mientras hablaba miraba a través del cristal intentando
mantener controlado al jinete. En un momento vio cómo se levantaba e iba hacia
a la puerta. Se giró inmediatamente para que no notara que le estaba espiando.
Unos segundos después desapareció la sensación de frío
cuando su abrigo cayó sobre sus hombros. Él la sonrío al tiempo que se lo
ponía. Se apartó discretamente y se encendió un cigarro mientras Gloria seguía
interpretando su particular teatro del martirio a través del teléfono.
- Pero es que él no me da, bueno no me da determinadas
cosas, ya lo sabes.
- Lo he oído mil veces, Gloria. Pero no nos engañemos. Las hormonas,
el desamor, la rutina o como lo quieras llamar pueden ser motivos para dejarle
pero son excusas muy pobres para mentirle y traicionarle. Pero eso ahora no es
el problema. Céntrate, ¿qué vas a hacer? Vete a dormir a casa de tus padres e
intenta hablar mañana con él.
Él seguía fumando algo alejado. Sacó el móvil del bolsillo y
se puso a juguetear con él. Por lo menos estaba entretenido. Terminó el cigarrillo,
lo apagó en el cenicero de la puerta y volvió a entrar.
- Y ¿qué les digo a mis padres?
- Cualquier cosa, Gloria. No me digas que se te han acabado
las mentiras
- ¿Y no puedo ir a tu casa?
- Gloria hoy no.
- ¡Joder, tía es solo un polvo! Seguro que quiere seguir echándolo
mañana y yo no tengo donde ir.
- Llama a Marta. Cuéntaselo y dile que…
- ¡Estás loca! –la interrumpió su interlocutora- Hace dos
años me enrollé con su chico un par de veces. Y sé que él se lo ha contado. No
me dará ni un vaso de agua.
- Pues vete a dormir a casa del tal Diego.
- ¿Para que crea que me quiero ir a vivir con él o algo por
el estilo?
Las primeras gotas le mojaron el IPhone. Empezaba a llover.
Se resguardó un poco debajo de un alero de un edificio. Miró a través de la
ventana. Vio al Jinete sentado en la barra hablando por el móvil.
-Mira Gloría, está lloviendo. Tengo que entrar, No puedes ir
a dormir a mi casa. Si las cosas siguen mal mañana te vienes. Pero esta noche
no. Ve a casa de tus padres, ¿de acuerdo?
- Bueno, vale –parecía resignada. No tranquila, solo
derrotada- Te llamo cuando llegue.
- Mejor no. Mándame un sms. No un whatsapp. Un sms.
- Ok.
La línea se cerró con un chasquido. Ella apuró el cigarrillo
para tranquilizarse, para olvidar o al menos aparcar en su mente la tragedia de
la que el egoísmo de su amiga la había hecho participe en el peor momento, en el
mejor momento. Recompuso su sonrisa y entró en el local.
Todo estaba igual. No había motivo para que hubiera
cambiado. Todo estaba igual salvo que el Jinete no estaba.
- Supongo que él también tiene que hacer espacio para más –pensó
riendo por dentro- y se sentó a esperarle.
A los cinco minutos no había salido. Se le imaginó
intercambiando whatsapp con sus amigos igual que había hecho ella antes de
lanzarse a tumba medio abierta a la noche. No le pegaba, pero le hacía gracia
imaginarle así.
Decidió pagar las bebidas antes de que él saliera. Así
evitaba el incómodo momento de porfiar por pagar la cuenta y aceleraba las
cosas. Cuanto antes salieran del bar antes llegarían a otro sitio. Llamó al
camarero y el pidió la cuenta.
- Todo está pagado, señora. Lo pagó el caballero antes de
irse. La tormenta estalló en todo su rigor y el trueno la sorprendió y la hizo
dar un pequeño salto en la banqueta. No pudo evitar recordar el tuit. El primer
tuit.
Jinete de los Vientos
@jinetedelviento hace 12 s
@DiosaFortuna Los amores cuando mueren se hacen tormenta.
- ¿Irse? –preguntó confusa, realmente confusa-.
- Sí, hace unos cinco minutos. Poco antes de que usted
entrara –la cabeza del camarero apuntó hacia una salida del local que ella ni
siquiera recordaba que existía, justo al lado de los servicios- Creo que dejó
algo sobre la barra para usted.
Ella levantó el bolso y lo vio. Uno de esos cartones que anuncian
fiestas en los bares. En una de sus esquinas blancas estaba escrito con una
caligrafía difusa, nada elegante, por cierto.
“Cuando dejes de estar con quienes quiere estar a lo mejor
encuentras un momento para que te diga que te quiero. No sé amar dentro de un
huevo Fabergé. Gabriel”. Y también recordó el tuit. Uno que ambos habían
retuiteado.
Experto en mujeres
@melassecasitodas 18 Mar
Chica Fabergé: La q te encierra en un huevo para q no sepas
nada de su vida y quiere q al abrirlo estés tan dispuesto como cuando lo cerró.
Ella no era así. Se lo iba a demostrar. Cogió el móvil.
Le buscó en Whatsapp. No le encontró. No es que no estuviera
conectado, no es que la hubiera bloqueado. Es que simplemente no estaba ¿Se
había desinstalado la aplicación? Al salir de Whatsapp aprovechó para cambiar
su estado “Lo siento” puso y su rostro de gato se transformó en otra cosa.
Le mando un sms. Recibió una respuesta de error de servidor
interno. Le quiso llamar. Le llamó. Una voz de una mujer preprogramada le dio
la información gratuita que menos deseaba: “el abonado no existe o ha cambiado
de número”.
Su sonrisa se nubló en Twitter y se volvió una sombra cabizbaja
cuando intentó enviarle un privado pero no fue capaz de encontrar su perfil, sus
piernas largas se despegaron del suelo en Badoo para volverse rosas marchitas
cuando recibió el mensaje “este perfil no existe, ha sido desactivado o la ha
incluido en su lista negra”, su escote mutó en una sombra mirando a través de
la ventana en un día de lluvia cuando Meetic le dijo algo parecido. Su ojo de ámbar se convirtió en lágrima cuando
no le encontró en Instagram.
Se levantó para irse del local. La tormenta arreciaba. Los relámpagos
y los truenos se sucedían en formación cerrada como salvas en honor de un
muerto en un funeral castrense. Un empleado entró empapado y tiró un móvil
encima de la barra.
- La gente está muy loca -dijo sacudiendo la cabeza como un
perro pachón- Pues no había un tipo ahí fuera, en el parque, parado en medio de
la lluvia cuando he llegado. Se ha tirado ahí sin moverse un buen rato y luego
el tío se ha girado y ha tirado esto –señaló al móvil- ¡Pero si es un Smartphone
nuevecito!
Ella agarró el bolso y salió a toda prisa. Corrió hacia el
parque. Le busco con la vista bajo la lluvia pero no estaba allí. Ya no estaba
allí.
¿Cómo había sido tan tonta de no empezar por eso? ¿Cómo no
se le había ocurrido salir a buscarle?, ¿cómo era posible que no se le hubiera
ocurrido?
Desistió y se encaminó hacia su coche. Ahora, justo ahora,
el IPhone estaba en silencio.
Hasta que escuchó el trinar del pájaro de Twitter. No
debería sonar porque hacía tiempo que solo le sonaban sus…
Miró la pantalla con avidez
Jinete de los Vientos
@jinetedelviento hace 1s
@DiosaFortuna Cuando las verdades mueren se hacen tuits.
Pulsó con urgencia la flecha de respuesta y la pantalla se
le llenó con un mensaje custodiado por un pájaro azul: Lo sentimos, no hay
ningún perfil asociado a este tweet. Es posible que el usuario se haya dado de
baja.
Y lloró. Lloró triste y cansada, lloró en silencio y soledad
como lo hacía siempre.
Lloró, pero no apagó el móvil.


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