Durante toda la mañana tuvo tiempo de sobra. Demasiado
tiempo.
Todo estaba tranquilo en la oficina. Era uno de esos días en
los que no había prisas, no había tensión, no había estrés.
No tuvo que rebotar más de tres correos electrónicos de pedidos
y ajustar un par de cosas en las tablas de cálculo de los cargos. El comercio
marítimo era así.
Puso a la gente a trabajar, para eso la pagaban. Habló un
par de veces con un capitán mercante griego que tenía serios problemas con las
órdenes directas sobre todo si venían de una mujer y con un práctico de puerto
que no comprendía que los regalos y las mordidas servían para que las cosas
fueran bien.
Y buscó al Jinete de los Vientos.
Estaba en todas partes. Tenía perfiles abiertos
prácticamente en todas las redes. Con el mismo nombre, con la misma foto.
Curioso.
Le buscó entre sus seguidores. Le encontró y se descubrió
siguiéndole. Pero no le reconoció. Ese rostro velado en negro con un turbante
tuareg era muy apropiado para el nombre. Parecía una foto real. Parecía suyo.
Buscó la foto en el localizador de imágenes de Google y solo
apareció en sus perfiles. Tenía que ser suya.
Mientras contestaba a tuits provocativos. Bromeaba con
falsos cínicos que lo fingían para que falsas cínicas babearan virtualmente a
su alrededor a golpe de retuit y favorito y deschaba invitaciones veladas o
directas de aquellos que hacían caso de sus largas piernas en Badoo o sus
pechos imposibles en Meetic, siguió buscando.
En Instagram, el Jinete era desiertos hermosos e infinitos,
puestas de sol imposibles, oleajes rompientes en faros solitarios, guerras y
paces, risas y llantos. En Instagram el Jinete era el mundo.
En Twitter era frases directas, sin dobles sentidos, sin
veladas indirectas. Era pensamientos, invectivas, empujones, caricias o
bofetones a todos y a ninguno. Nunca un mensaje dirigido a nadie, nunca un
retuit, nunca un favorito. En Twitter el Jinete era la vida.
En Tuenti no existía. No le sorprendió. Tuenti es para
apagar fuegos. Es para buscar jóvenes a los que su continua efervescencia
hormonal les hace responder a la más mínima incitación, a la menor posibilidad
de un polvo fácil.
Es para tirar de sexo sin esfuerzo y corto que te engrandece
durante el orgasmo y que hace que luego te describan mil veces mejor de lo que
eres para que sus colegas piensen que se ha tirado a una de esas milfs míticas
de página porno y no solamente a una mujer más mayor que ellos.
En Facebook no sabía lo que era. Sabía que estaba pero no
estaba dispuesta a enviarle una solicitud de amistad. Demasiado personal.
Volvió a sonreír.
- Vaya, hombre, ¿Cómo no? -el arco de su ceja estuvo a punto
de salírsele del rostro cuando descubrió el perfil del Jinete en Badoo y
Meetic-.
Pero estaba inactivo. Su última conexión era de hacía más de
seis meses. Como si no lo necesitara, como si tuviera pareja.
Intentó repasar mentalmente sus conquistas virtuales de hace
medio año. Algunas llegaron a su mente. Todas localizadas, todas más o menos
contraladas.
El tío de los mil favoritos de Twitter, el que de vez en
cuando le mandaba privados, el otro que la saludaba cuando ella mandaba un
saludo general, el que cambiaba sus estados de Whatsapp dependiendo del menú de
cada comida. No podía ser ninguno de ellos.
Interrumpió la búsqueda cuando el zumbido de Whatsapp la
devolvió al mundo real. Por lo menos al mundo de unos contactos a los que podía
poner rostros, de los que tenía el teléfono móvil y que tenían un cuerpo y un
rostro reales.
ENLAGLORIA
- Puedes hablar? üü
- Estoy en el despacho üü
- Me ha pillado, Patricia, me ha pillado! üü
- ??? üü
- Estás en babia! Quien va a ser? MARCOS ME HA PILLADO üü
- Relaja, Gloria üü
- Perdona estoy muy nerviosa üü
- Te llamo üü
Salió del despacho con el móvil y el paquete de tabaco en la
mano. Mientras descendía las escaleras hasta la calle pensaba en la que se le venía encima. Si
Gloria había sido descubierta en sus noches de sexo camuflado de cenas con las
amigas, en sus fines de semana de polvos rurales disfrazados de convenciones y
viajes de empresa, la que se le venía encima era buena. Llantos,
justificaciones, peleas, separaciones, divorcios.
El mundo se iba a convertir en algo real. Iba a, como decía
@matizando, un amigo suyo, a ser expulsada de Matrix. Los escarceos de Gloria
iban a dejar de ser unas copas mostrando fotos de perfil e intercambiando risas
y cromos de hombres que habían entrado y salido de sus cuerpos sin conseguir
entrar en sus vidas.
Se encendió el cigarrillo al lado del cenicero de la puerta.
No llegó a llamar a Gloria. Pero usó el IPhone.
@jinetedelviento ¿y tú eres de miedo o riesgo?
No esperaba contestación inmediata. Nunca se espera. Bueno,
algunos la esperan, pero no tienen razón para hacerlo. Pero la respuesta llegó.
Jinete de los Vientos
@jinetedelviento hace 1s
@DiosaFortuna ¿Acaso son cosas distintas?
Su ceja volvió a trazar un arco infinito y no solo por la
críptica respuesta. Mayúsculas, signos de puntuación completos. Ni un
emoticono, ni una combinación de letras propias de la red. Era como si fuera un
visitante en una fiesta de la que desconocía el protocolo.
@jinetedelviento ¿Siempre contestas con preguntas?
Jinete de los Vientos
@jinetedelviento hace 1s
@DiosaFortuna ¿Siempre tomas una respuesta por una pregunta? La
interrogación fue la primera figura
retórica.
- Un cañero –susurro mientras inhalaba una bocanada del
cigarrillo y sonreía todo a la vez-
Uno de esos que dan caña. Que no son blanditos, ni
condescendientes, ni babosos, que no te dan la razón, que juegan a ponerte
cachonda la mente a la vez que tu cuerpo. El tío estaba acertando de pleno ¡El
muy cabrón!
Tecleo acelerada,
casi con urgencia, casi con desesperación.
@jinetedelviento Es que las mujeres somos así de complicadas
y retorcidas –cuando el dedo estaba sobre el emoticono elegido se lo pensó mejor.
No añadió emoticono ninguno-.
Jinete de los Vientos
@jinetedelviento hace 1s
@DiosaFortuna Hay más o menos 3.500 millones de mujeres y no
las conoces. No te escudes en ellas. Di la verdad.
@jinetedelviento Jajaja. Vale, yo soy así –y no supo por qué
le había concedido esa victoria virtual-.
Jinete de los Vientos
@jinetedelviento hace 1s
@DiosaFortuna ¡Por fin! Buenos días
Y supo que la conversación había terminado.
Apuró el cigarrillo con una sonrisa que no comprendía en sus
labios y volvió a subir las escaleras. Gloria, sus traiciones, sus excusas y
sus dramas habían desaparecido de su memoria. No merecían la pena.
Dicen los que ven todo y en todas partes que hubo un minuto,
un solo minuto en un solo día de la eternidad, en el que, al morir el último de
los mil dioses, las legiones de ángeles guardianes le dieron la espalda al
mundo. Dicen que por un minuto decidieron comprobar lo que ocurría si no avisaban, protegían,
guardaban ni defendían al ser humano de sí mismo.
Afirman que los dejaron durante una ínfima porción del
tiempo eterno en manos de los demonios, de sus demonios, de aquellos que habían
luchado y caído para hacerles libres.
Cada humano, por supuesto, vivió ese minuto de una forma
diferente.
Sentada en su despacho, con su IPhone en las manos, ella,
que en la red era muchas cosas que eran ella pero que no eran suyas, hizo lo
que no se debía hacer. Rompió el protocolo de protección de la virtualidad, dio
un paso que no hubiera dado en otra situación, que nunca supo porque dio, que
no tenía motivo para dar.
@jinetedelviento mi tlfno es 655894567. Agrégame a Whatsapp
y hablamos. Bsos.
Envió el mensaje privado a @jinetedelviento y el minuto
pasó.
______________________________________________________________________
Durante un día no se reconoció. El mundo había desaparecido.
Contemplaba con una avidez absurda e infantil la pantalla
del IPhone. Cambió su estado en tantas ocasiones que sus grupos de Whatsapp
empezaban a dudar de que algún niño pequeño no estuviera jugando con su perfil.
Pasó de un rostro expectante a un “lo que tenga que ser, será”, pasando por un
“no espero” y un “tan tranquila”.
Tiró de frases de santos y escritores de Frasescelebres.com
en Twitter, de letrasdecanciones.org en Whatsapp. Subió tantos enlaces a videoclips
sobre inicios y esperas que YouTube empezó a exigirla registrarse y crear una
cuenta.
Volvía una y otra vez a su IPhone, a su ordenador, a su
tableta. Deslizaba sus dedos sobre ellas, escrutaba con sus ojos, no tan
ambarinos como el de Instagram, todos los recovecos de sus pantallas.
Ignoraba las insinuaciones de Meetic, las ofertas directas
de Badoo. Ignoraba los anodinos mensajes de sus grupos de Whatsapp, discutiendo
hasta la extenuación sobre reuniones que nunca se celebrarían porque ninguna
estaba dispuesta a exponerse a la vista, la opinión y el contacto con aquellas
a que las que llamaban amigas. Ignoró a Gloria.
Retiuteó y desretuiteó dos veces un tuit de uno de sus
contactos cínicamente desconocidos:
Lostengopeores @lostengopeores
1h
50 Sombras de Grey: Era
joven, atractivo…. y era millonario ¡Ni sadomaso, ni ostias!... Ahí ya estáis
cachondas.
Primero le pareció divertido, luego que podía parecer que
ella esperaba que el jinete fuera millonario, luego que podía interpretarse
como una invitación a las prácticas de dominación y sumisión, luego que era
demasiado obvio, luego que en exceso críptico, luego…
Nunca había sido así. Ella dominaba la situación. No
dependía de ella, la controlaba, la utilizaba. Ella vivía fuera de las redes.
No eran su alimento, no eran su droga, no eran su vida.
Pero contemplaba su Whatsapp. Veía el número de teléfono que
el Jinete le había enviado. Aún no le había puesto nombre en su agenda. Aún no
lo merecía. Aún no lo tenía.
Estaba conectado, casi permanentemente conectado, casi como
ella. Pero no la hablaba. No la decía nada.
Y ella no iba a empezar. El minuto en el que los ángeles
guardianes volvieron la espalda a sus protegidos ya había pasado.
Llegó la noche y el día había pasado sin que el Jinete
hablara.
Había tomado unas copas en uno de esos antros en los que la
música está tan alta que no se entiende que la gente se empeñe en hablar. Había
ignorado a Gloria y sus falsos problemas buscados por ella misma, incluso había
ignorado los susurros y las manos del tipo que la hablaba hasta que sus dedos
empezaron a intentar apoyarse en donde no debían.
Cada minuto, cada medio minuto, cada diez segundos,
contemplaba el símbolo de conexión del Jinete en su IPhone por miedo a que el
escándalo del tecnotrance ocultara el discreto sonido del whatsapp esperado.
Pero no llegó.
Ni siquiera le importó que Gloria la dejara colgada una vez
más rumbo a otra de sus noches de falsas reuniones camino de una cama de hotel
o de un baño de garito. Salió del local y condujo hasta casa.
Se deshizo del bolso en la entrada y arrojó el móvil, que
había llevado frente a ella en el salpicadero del coche, encima de la cama.
Entonces zumbó.
663785442
- ¿No querías que habláramos? üü –era el jinete. Sonrió. Había ganado. Uno para ella. Desapareció la impaciencia
y la frustración. De repente, su recuerdo transformó la realidad del día pasado
en algo diferente. En un ejercicio de fortaleza, de resistencia. En una
victoria. No contestó.
- Pues será que no üü –Y temió que allí acabara todo-
- No seas impaciente ¿no sabes esperar un poco? üü -contestó ella después
de arrojarse en la cama-.
- He aprendido a no esperar sin razón. üü
- ¿No soy una razón para esperar? üü
- Esperar y desear no es lo mismo. Y tú no eres lo mismo que
una razón. Yo diría que pareces todo lo contrario. üü
Y el resto de la conversación despareció. No importaba lo
que le dijera, no importaba lo que le contestara, no importaba que la llevara a
lugares de los que no solía charlar con los amiguetes, a lugares a los que se
había negado a ir en sus escarceos virtuales, en sus conversaciones virtuales,
en sus charlas virtuales. En su vida virtual.
Los intercambios siguieron y el contenido siguió sin
importar.
Lo único importante era la conexión. No volvió a hacerla
esperar. Siempre estaba allí para ella. Y ella siempre estaba allí para él.
Ella no lo sabía o no lo reconocía. O no quería ni saberlo ni reconocerlo.
No importaba lo que dijeran, no importaban las fotografías
que subieran a Instagram o los videos que subieran a Twitter. No importaban las
frases, los enlaces, o los retuits.
No importaban los emoticonos de sus eternas y siempre
esperadas conversaciones de Whatsapp. Solo importaba la presencia y la ausencia
como un péndulo de Foucault que alzaba y derribaba alternativamente sus
existencias.
No importaban lo que se decían o lo que se enviaban. Como al
borracho no le importa que la siguiente copa sea de garrafón, como al creyente
no le importa el contenido ni el origen del rezo, como al francotirador no le
preocupa el pasado ni el futuro que preceden y siguen al instante de su
disparo, como al yonqui no le importa la procedencia de la droga. Como al
adicto al sexo no le importa el cuerpo en que descarga sus ansiedades.
El mundo virtual se transformó en una instancia dual, en un
tet a tet. En un coito.
Ella seguía manteniendo sus contactos, seguía
alimentándolos, respondiéndoles, hablando en sus grupos, participando en los
hangstad colectivos e inventados. Pero era secundario, tan intrascendente como
había sido hasta entonces, tan subsidiario como siempre había sabido que era.
Tan irrelevante como un buen polvo.
Había días que él parecía arrastrase ante ella en busca de
su presencia, en temor de su ausencia y ella se engrandecía, se hacía
victoriosa se volvía hacia el con la condescendía de un beso de emoticono o una
fotografía insinuante de las piernas de otra, de la espalda de otra, de las
promesas de otra.
Había noches que ella imploraba sin querer y sin reconocerlo
por la presencia de él. Se arrojaba a sus pies virtuales hasta que sus caricias
le llegaban en forma de fotos mares imposibles, de palabras perfectas, de
susurros de canciones que hablan de lo que no existía y podía existir. Y se
hacía pequeña, dulce, sumisa y entregada hasta que la voz escrita la entregaba
a los sueños.
Seguía con su vida. La real y la otra. Sobre todo la otra.
Pero todo estaba marcado por el cabalgar a días furioso a
días relajados de @jinetedelviento.
Él seguía tuiteando sus palabras directas, sus frases sin
ambages, sus textos puntuados sin iconos ni apócopes. Pero ella pensaba, creía…
no sabía que lo hacía por ella.
Y ella hacía lo mismo.
Diosa de la fortuna @DiosaFortuna dando vueltas a todo y en especial a ti –tuiteó en general casi
sin querer, casi sin pensar, casi deseándolo-
Y durante los días, las semanas y los meses siguientes rió
ante el desconcierto que eso provocó en sus redes sociales. Sus perfiles amigos
se llenaron de interrogaciones finales, de mensajes de felicitación, de duda,
de sorpresa, de emoticonos fáciles. El mapa de sus redes se tiñó de desconcierto
porque no contestaba, no explicaba. Porque vivía más allá del vacío que vincula
a los seres y estares.
En Tuenti ya no existía. Quien no alimenta el morbo, quien
no ofrece su cuerpo y su tiempo para el alcohol o el sexo, allí es puesto en
suspenso.
Sus piernas de Badoo se llenaron de babas sin limpiar, de
hormonas de soltar en cientos de mensajes que dejó sin respuestas; sus labios
procelosos colocados en Meetic se forraron de besos enviados, de guiños
sugeridos de intereses supuestamente compartidos, de promesas de citas que
antes la divertían y ahora la aburrían.
Y los otros, los que estaban en Whatsapp, los que un día
pensó que eran casi reales navegaban en un mar de eterno desconcierto ante sus
silencios, sus ausencias, sus desafueros y sus comentarios que siempre parecían
nunca venir al caso.
TOD@S JUNT@S
FORTUNA
- No me importa la vida. üü –escribió un día en el grupo. Ella sabía lo que significa. El mundo real no-.
LAURAMG
- ¿??????? üü-respondió una conocida-.
RITALABOMBA
-
Que no, tonta! üü -se apresuró a
teclear la compañera de trabajo-
SANDRASSSS
- Ánimo, tú vales mucho üü -la animó su hermana-
MGRACISANTOS
- Él se lo pierde. Besitos fuertes üü – Marta no sabía pensar en otra cosa
que en hombres. Otro clásico-
ENLAGLORIA
- La vida es un ciclo y el karma te
devolverá lo que has perdido üü –sentenció Gloria-.
ALEX
- Todos los hombres somos basura üü –Alex no renunciaba a nada, ni a la
humillación de género, para intentar llevarla a la cama- .
“¡No me importa vuestra vida!” –pensó a
gritos y quiso responder-. No le importaba su anodina vida real de engaños,
autocomplacencia, falsos consuelas, pobres excusas y falsas amistades. No le
importaban sus eternas e infructuosas conversaciones para quedar un día de
estos o el próximo fin de semana.
FORTUNA
- Pues eso üü –se limitó a contestar riendo a
carcajadas en su despacho ante la imaginada frustración de sus amigas-.
El Jinete de Los Vientos también seguía
con su vida virtual pero ella sabía que ahora era cosa de los dos y ella le
demostraba que estaba allí.
A veces se asustaba cuando descubría un
tuit enviado a otra persona, a alguien que no era ella; a veces se encendía
cuando creía descubrir en una frase, en una sentencia, en un tuit general algo
referente a su última conversación de Whatsapp. Una violación de esa intimidad
compartida en la distancia, a veces se emocionaba ante una fotografía subida a
Instagram que una promesa de espacios compartidos, de viajes y sueños futuros.
Jinete de los Vientos
@jinetedelviento hace 1s
No sé qué eres ni lo
que quieres ser. Pero eres.
Supo o creyó saber que se lo decía a ella aunque se lo
dijera a o todos. Y gozó de la sensación, del impulso, del beso virtual que eso
suponía. Y, por un instante, la red dejó de ser un coito para transformarse en
una masturbación.
Así estaban las cosas, con el tiempo real haciéndose corto y
el virtual infinito, con el alba sorprendiéndola en sus conversaciones con @jinetedelviento o la noche asaltándole en sus intercambios, con
sus delegaciones de trabajo acuciando a sus subordinados, sus demoras desesperando
a sus amistades y sus silencios haciendo desistir a sus pretendientes y potenciales sementales,
cuando llegó el otro minuto. El minuto de los demonios.
Dicen los que tienen que vivir siempre para recordar lo que ocurrió
cuando todos no vivían que hubo un instante, tan ínfimo e imperceptible como el
de los ángeles guardianes, en el que los demonios decidieron dejar de penar por
la libertad de los humanos a los que habían defendido, dejar de sufrir por
darles el poder sobre sus propios actos y ver qué pasaba si esos seres finitos
se responsabilizaban de sus actos y decisiones.
Y claro, como no podía ser de otro modo, cada humano lo
vivió de una forma diferente.
Tumbada en su cama, con la perpetua sonrisa en los labios y
el calor recorriéndole de nuevo la entrepierna, ella se despertó, palmeo en la
cama hasta encontrar el IPhone que había abandonado a su suerte cuando el sueño
la había vencido y lo cogió.
JINETE
- Deberíamos quedar un día, ¿qué te parece? üü -tecleó en Whatsapp-.
- Mañana, a las ocho, en La Salida. La conoces. üü


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