miércoles, 26 de febrero de 2014

Puzles incompletos (Epílogo)


Epílogo

L@S SINCUERPO
INSANJ
- Ahora lo sabe, por fin lo sabe ¿Qué pasará?üü
JINETE
- Eres esclavo de los finales, Hacedor üü
DUQUE DE RANDUALLES
- Pero tiene razón. Que sepa que él puede llenar la pieza, que es la pieza que falta no garantiza nada üü
BEL-LEE
- Nada puede ni debe ser garantizado. Se ocupará de hacerlo en ella o en otra. O no lo hará nunca üü
JINETE
- Pero ahora sabe, conoce, puede hacer lo que quiera üü
ASTARA
- O no hacer nada. También puede no hacer nada. Será su fracaso. Será el nuestro. Será el de todos.  üü
JINETE
- No hará nada si no descubre que hay una pieza que llenar e iluminar también el mismo centro de su pecho üü
DUQUE DE RANDUALLES
- Y ella, la mujer, ¿encajará en la pieza del pecho de nuestro chico? üü
JINETE
- Ella lo intenta pero no sirve de nada. Como siempre. El que da no importa, siempre pierde. Él tiene que dejarla. Quién sabe. Puzles incompletos üü

El hombre, sentado en un banco de madera en la calle, salió de su conversación de whatsapp y casi en el mismo movimiento su dedo presionó la pantalla del IPhone para cargar Twitter. Una voz le interrumpió
- ¿Y la otra pieza? -la voz del hombre oscilaba entre el sarcasmo y la prevención-.
- Nadie conoce los colores de la muerte hasta que no la experimenta.
- ¿Eres Dios?
- Ja, ja, ja. Muy bueno. Ahora puedes preguntar a quién nos conoce ¿crees el único que sabe cosas que otros desconocen?
Él se marchó sonriendo camino de la cafetería, de sus conversaciones interminables, del puzle casi completo. De ella. El hombre tecleó.

Jinete de los Vientos @jinetedelviento hace 2 s
"Estaré hasta en tus peores días".
Luego se alejó contoneándose sobre sus tacones.


Puzles incompletos (VI)

Había logrado desvelar los colores de todas sus piezas menos dos. Permanecía ciego a los colores de dos piezas. Y lo peor es que una de ellas era la que estaba rodeada por el arco iris prismático del amor. Era la pieza del centro de su pecho. Negra, completamente negra. Ninguna luz se asomaba a ella, ningún reflejo conseguía atravesarla.
La otra estaba aún opacada por el velo. No había conseguido levantarlo. Las luces que se depositaban en ella no conseguían devolverle el color. No lucía con fuerza y estaba colocada en un sitio donde no había visto antes pieza alguna. Era una pieza distinta a todas las demás. Curva alargada. Que debía parecer afilada pero se antojaba roma, que partía de un seno y se dibujaba en dirección al vientre.
Y seguía velada.
Abrió la boca para decir algo, para iniciar una conversación, pero el aviso de mensaje sonó en su móvil

1MENSAJE SIN LEER LAURA
Hay un cliente en la sala de reuniones. Insiste en tener la entrevista allí. Ve enseguida.
Leído
Escribiendo mensaje
OK. Estoy de camino
Enviando…
MENSAJE ENVIADO



- Me llaman para una entrevista. Luego nos vemos -sonrió. Y esta vez no supo si la sonrisa era verdadera o falsa-.
Se apresuró por los pasillos para llegar a la sala de reuniones. Tenía que poner algo en su cabeza, tenía que pensar en otra cosa.
Entró en la estancia. El típico espacio sin alma de muebles funcionales, sillas metálicas, mesa ovalada central y plantas que necesitan poco riego en las esquinas.
Se quedó estupefacto.
Le esperaba un hombre que tenía todo el aspecto de un petimetre novecentista. Si le hubieran dicho que era Oscar Wilde no lo hubiera dudado ni un instante.
Se cogió los faldones de la levita -¡De la levita!- para levantarse y se estiró los puños de encaje que sobresalían por las mangas antes de coger aire para saludarle.
- Soy Lesskin -dijo y volvió a tomar aire- Bueno, exactamente no sólo Lesskin. Soy el décimo octavo Conde de Lesskin, el trigésimo segundo Barón de Lesskin, el noveno Duque de...
- Randualles, ya lo sé
- ¡Muy bien, listillo! -dijo mientras hacía una elaborada reverencia alargando la pierna derecha y doblando el tronco como un sauce llorón-. Y, por cierto, algún halago hacia mi poética presentación no estaría de más, aunque una salva de aplausos sería lo más adecuado. Pero, claro, tu sólo tienes dos manos con lo cual lo de la salva de aplausos está descartado –Lesskin se quedó con los brazos en jarras y las manos apoyadas en las caderas esperando amenazador la respuesta su respuesta-
- Ha sido bonita –aventuró a decir- muy... ¿rítmica?
- ¿De verdad?, ¿te ha gustado? –Lesskin se dejó caer de nuevo emocionado en la silla e hizo un gesto concediendo permiso a su interlocutor para sentarse- No hay nada que llene más al artista que un halago sincero y espontáneo.
Ya decía yo que pese a tu aspecto de hombre moderno sin cultura clásica ninguna–no te ofendas, el aspecto es solo el aspecto- tenías mirada de ser una persona sensible e ilustrada. No me han mentido cuando me han dicho que eras el mejor.
Él estaba boquiabierto. No solo por el aspecto y la charla anacrónicos de loco escapado de su propia fantasía del hombre sino por un hecho insólito.
No podía verle. Veía su piel pero no sus piezas, veía sus gestos pero no sus luces. Era algo inusitado. Era algo que no le ocurría desde hacía muchos años porque hacía mucho tiempo que no veía aún bebé recién nacido.
La vida no había tocado para nada a su excelencia el Conde de Lesskin.
Una sucesión acelerada de tonos de Whatsapp le sacaron de su ensimismamiento.
- Disculpa -dijo Lesskin- Son mis amigos. Su extraño sentido de la oportunidad les vuelve impertinentes.
- Creo que conozco a alguno -replicó él dubitativo mientras Lesskin sacaba del bolsillo interior de la levita su IPhone. El anacronismo se hizo norma-.
- ¿Has visto a alguno? -preguntó Lesskin asombrado mientras pasaba el dedo por la pantalla para activar Whatsapp. A él le pareció de repente que había una inmensa diferencia entre ver y conocer- ¿es cliente? Seguro que es ese maldito jinete. No puede vivir sin una docena de odaliscas bailando a su alrededor.

Y se sumergió en la pantalla del IPhone. Sus dedos no tecleaban volaban en el límite mismo de la contorsión.
L@S SINCUERPO
INSANJ
- ¿Qué crees que estás haciendo, Lesskin? üü
DUQUE DE RANDUALLES
- ¿No tienes ningún mundo muerto que crear y regalarle a alguien que no lo quiere?, ¡Piérdete Hacedor! üü
ASTARA
- Nos estás exponiendo. No vas a conseguir nada  üü
DUQUE DE RANDUALLES
- ¡Vaya, el agorero!, Tampoco podía parar un cometa, tampoco podía ordenar el caos, tampoco podía evitar que mataran a ese tipo tan majo que gobernaba ese país tan grande… ¿Cómo se llamaba? üü
JINETE
- Eso no te salió especialmente bien, Lesskin üü
DUQUE DE RANDUALLES
-  ¡Un marido que maté y me llaman Haceviudas! Por lo menos yo no he venido aquí en busca de odaliscas üü
JINETE
- No necesito odaliscas. Bailan bien, pero no se mueven a mi ritmo üü
BEL-LEE
- Tus gustos sexuales son irrelevantes, Jinete ¡Sal de ahí, Lesskin! ¡Ahora! üü
DUQUE DE RANDUALLES
-  ¿Y cómo vas a obligarme?, ¿vas a decirles a tus papás que me estoy portando mal para que vengan a castigarme? Te recuerdo que uno lleva varios eones bostezando y el otro le regaló sus alas. Ambas acciones impiden bastante el movimiento üü
JINETE
- ¿Qué pretendes? üü
ANGEL DO PEDRA
- Lo de siempre. Entrometerse. Acelerar las cosas. Estropearlo todo.
DUQUE DE RANDUALLES
-  Lo dice un tío que considera una acción de riesgo esperar en un cementerio de Lisboa con un pie de piedra encima de un cadáver a que alguien regrese a devolver un alma que robó üü
 UHM´ERE
- Hiciste hablar a un planeta. Hiciste sentir a un bosque. Hiciste llorar al Caos. Haz lo que tengas que hacer. Esta discusión ha terminado üü
BEL-LEE
- ¿Quién te crees que eres, Rastreador? Acabas de llegar üü
UHM´ERE
- Esta discusión ha terminado. No diré más üü
DUQUE DE RANDUALLES
-  Gracias  üü

Lesskin alzo la cabeza y sonrió como si fuera un niño que hubiera ignorado voluntariamente los consejos de sus padres.
- Quiero un amor verdadero -anunció sin pestañear-
- Verá, la cosa no es….
- No me refiero a uno como el de esos dos adolescentes de Padua, tan idiotas como para matarse en lugar de follar -¿se dice así?- ni como el de Antonio y la buena de Cleo en el que lo arriesgaron todo y no ganaron nada…
- Pero es que…
- Ni por supuesto como el de Teresa o Juana con sus apariciones o el de Lara Croff y Aquiles, recogiendo niños por doquier.
- ¿Lara Croff y Aquiles?
- Sí yo los he visto juntos en una foto con una recua de infantes de cinco continentes.
- ¿Se refiere a Angelina Jolie y Brad Pitt?
- ¿Se han cambiado el nombre? ¡Qué asco, ya nadie tiene respeto por sus orígenes! Bueno, a lo que íbamos. Ni como el de Paris y Helena con todas esas guerras y galeras, con Príamo, el sordo, llorando a meres y Casandra anunciando el desastre. Y por supuesto nada parecido a eso de Rivendell, de la elfa buenorra esa -porque hay que reconocer que estaba buena-  empeñada en amar a un tío que va a morir de viejo  tres eternidades antes que ella por mucho que sea un dunedain o como quiera que se diga. Yo lo que quiero es un amor de verdad.
Casi tuvo que contener la carcajada.
- ¿Puede ponerme algún ejemplo? -consiguió decir sin romper a reír- Lo digo para hacerme una idea.
- ¿Puedes ponérmelo tú?
- No sé -dudó un instante-, supongo que será uno de esos donde para querer se da primero.
- Efectivamente, jovencito -concedió Lesskin palmeándose el dorso de una mano con la otra como hubiera hecho en una declamación poética de hace dos siglos- ¿tú conoces alguno?
La frase reverberó en el aire como un eco infinito y eso le sorprendió porque aquella sala no había tenido jamás eco.
- Bueno, tengo muchas cosas que hacer. Son las obligaciones de mi rango y condición -se levantó de un salto e intentó alisarse  las solapas de la levita. Hizo un gracioso mohín cuando no lo logró- Si ves alguno cerca, me lo comunicaras, ¿verdad? - se giró para irse pero siguió hablando- Ya sabes de esos que sueñan como será levantarse a tu lado al tiempo que como será acostarse contigo, de esos que… ¿Cómo has dicho?... que no les importa empezar dando
- ¿Se va ya? -él se levantó para acompañarle-.
- Técnicamente no. Yo nunca he estado aquí -y le guiñó un ojo- Ahora debería estar en una boda real. Creo que se casan aunque claro no son un amor de esos de los nuestros. No consigo recordar cómo se llaman pero  sé que no son como nuestros amores. Ellos no arriesgan. Ella se matará en un accidente de coche, claro que ella no lo sabe, aunque a él tampoco le importa demasiado… ¿Cómo se llamaban?... No consigo recordarlo. Bueno da igual, cuando llegue se lo preguntare a la amante de él, o al de ella. Ellos seguro que lo saben. Antes cuando las gentes se casaban los hombres seguían solteros después del matrimonio. Ahora las mujeres también. Los tiempos cambian. No evolucionan pero cambian.
Él se quedó de nuevo boquiabierto ante la diatriba de aquel curioso personaje. Sus palabras sin sentido le envolvían, le paralizaban como el sisear de una serpiente antes de asestar su mordedura mortal. En el caso de Lesskin llegó desde el quicio de la puerta
- No conviene olvidar que el principal foco de negrura es el vacío -comentó, ya de espaldas, agitando la mano al aire
- ¿Cómo has dicho? - preguntó dos segundos después cuando reaccionó a las palabras del petimetre-.
Cuando se asomó al pasillo no había nadie.
Y se quedó ahí, parado, maltrecho, sorprendido.
Sin pensarlo siquiera después de pensarlo mucho echó mano de su móvil y envió un mensaje en respuesta a algo que ella le había dicho, que le había escrito, que le había dado. No sabía muy bien en respuesta a qué. Envió un mensaje en respuesta a ella.

Esa misma tarde volvieron a juntarse en una de sus conversaciones interminables. Como siempre, como nunca.
En el vacío negro de la pieza rodeada del crisol cristalino del centro de su pecho brillaba un brillo diminuto. Justo en el centro de la negrura. Era ínfima y tenía una forma irregular, cambiante, como de una frase escrita con letras cambiantes. Como de un mensaje de texto titilante.
Era tan pequeña que no podía leerlo pero no la hacía falta, sabía perfectamente qué decía.
La misma frase que había enviado en su mensaje.

Puzles Incompletos (V)


L@S SINCUERPO
DUQUE DE RANDUALLES
- Se aleja, se marcha, se va!!! üü
ASTARA
- Poner más admiraciones y repetir con sinónimos el mensaje por triplicado no hace que parezca más importante, Lesskin. Es su vida, es su decisiónüü
BE-LEE
-  Es su muerte, es su decisión üü
JINETE
- Dejad de decir sandeces cripticas, esto no es Twitter üü
ASTARA
- Sabes que es verdad. Solo tiene una decisión en su vida. Empeñarse en vivir o empeñarse en morir. Tú mismo lo dijiste.üü
INSANJ
- Por favorrrrr. También dijo que los amores al morir se hacer tormenta. Afrontad el problema con calma. ¿Quién creéis que sois? ¿Dios? üü
JINETE
- Jajaja. Muy bueno, Hacedor. Menos mal que hay alguien en este grupo que aún no tiene sus neuronas destruidas por la senilidadüü
BE-LEE
- ¿De verdad hay un problema?üü
ANGEL DO PEDRA
- No perdiste para esto. No espero para esto. Claro que hay un problema. Al menos para ella, sí.üü
JINETE
- No seas cínico, pétreo. El problema es todo nuestroüü
  
Aquella mañana estaba sentado frente a uno de los ordenadores de redes sociales junto a una de las mujeres sin reflejo que habían hecho de ellos su reducto.
Le había llamado para sustituir a la otra que, al parecer, se había puesto enferma.
- “No sabía que los muertos pudieran enfermar” -pensó con sarcasmo cuando le comunicaron su cambio de puesto temporal. Se guardó el comentario- .
Seguía con aburrimiento los últimos tuits de uno de los clientes que, una mujer que se decía convencional pero que llenaba de insinuaciones sexuales su cuenta; una mujer que aparecía en Twitter como un perfil cínico y despegado de castigadora de varones, amante desapegada y eterna soltera de sexo de fin de semana pero que pagaba setenta euros al mes a Rommates con su nombre real, con su dinero real, con su vida real, para que le encontrara una pareja que, según la describió en su entrevista, era poco menos que un delirio salido de Cincuenta Sombras de Grey . Una bipolaridad clásica.
Su último tuit estaba en la línea

Ani One @anyone                                                hace 45 s
No me digas que me quieres si no me haces cotitular de tu cuenta corriente.

La sirena de prioridad le hizo parpadear. La conversación comenzó a formarse. No sabía cómo era posible que respondieran a esa velocidad. Tenían que tener una conexión de primera. Todos.

Jinete de los Vientos @jinetedelviento        hace 2 s
Borrar un mal recuerdo no es olvidarlo; Es hallar el cajón donde sellarlo para que no nos vuelva y aun tenerlo a mano si en verdad hace falta
Duque de Randualles @lesskin                       hace 1s
@jinetedelviento Si quieres llamar su atención cómprate un faro
Hacedor sin lágrimas @Insanj                         hace 1 s
@jinetedelviento @lesskin Ya somos faros. Barcos pasan cerca en busca de sus mares pero no se detienen a habitarnos por miedo a la tormenta.



-“¿Por qué todas las conversaciones de ese extraño grupo parecen hablar sobre mí? -pensó mientras veía aparecer en rápida sucesión las respuestas y réplicas-
Ellos no pueden saber nada de mí.
Y era cierto. No podían saber nada. No podían saber cómo había empezado a eludirla, a alejarse de ella. Un poco, solo un poco. Se trataba de poner distancia no de apartar. Solo de poner distancia. De no arriesgarse. De no morir.
El amor era mentira, siempre lo era. El amor atrae la mentira. Una muchacha con piezas iluminadas en rojo de venganza y marrón de rabia se lo había demostrado hacía tiempo. Su trabajo se lo demostraba cada día.
Ellos no podían saberlo. Era de nuevo casualidad, disfrazada de casualidad.
Cuando piensas en algo todo lo demás te parece relacionado con ello. Como a los adolescentes. Como a los paranoicos. El amor es adolescencia paranoica.
Otro silbato de mensaje prioritario

Astara @astara                                         hace 12 s
@jinetedelviento @Insanj @lesskin Da igual que lo seamos. Solo podemos mirar los acontecimientos, seguir su trayectoria
Duque de Randualles @lesskin           hace 8 s
@jinetedelviento @astara @Insanj ¿Trayectoria?, trayectoria tienen las balas
Jinete de los Vientos @jinetedelviento hace 2 s
@astara @Insanj @lesskin Somos mares, no conchas.
 Los mares se conocen navegando por ellos, no escuchando los ecos de viejas caracolas.
Be-lee @belee662                                   hace 2 s
@jinetedelviento @astara @Insanj @lesskin Si lo es pasa de todo. Si no lo es no pasa nada.
Hacedor sin lágrimas @Insanj                         hace 1 s
@jinetedelviento @astara @Insanj @lesskin No pasa nada
Mejor dicho, pasan tantas cosas al mismo tiempo que es mejor decir que no pasa nada.
Jinete de los Vientos @jinetedelviento hace 2 s
@astara @Insanj @lesskin Conversaciones interminables. Puzles incompletos.
  
-“¡Maldita sea! -pensó mientras cerraba la conversación- ¿por qué se empeña ese tío en meter ese tuit en todas sus conversaciones?
Pero ¿y si tenían razón?
No, no podían tener razón porque no le hablaban a él. No sabían nada de él y no tenían nada que ver con él. Eran simples avatares de hombres que filosofaban en público para conseguir relevancia. Eran tuiteros a la caza de followers. Seres solitarios que fingían la compañía, que la inventaban para eludir necesitarla.
Volvió a escrutar los tuits de aquella clienta que fingía no esperar y se desesperaba, que simulaba tomar y se ofrecía, que ocultaba su búsqueda pero ansiaba encontrar.

Ani One @anyone                       hace 45 s
Si lo que me propones no es pecado o ilegal, ni te molestes.

Abandonó el ordenador y se encaminó hacia las escaleras. Subió a las salas de análisis.
Ella le saludó con normalidad. Pero nada era normal. Él podía ver lo que su alejamiento estaba haciendo. Las rodillas siempre tenían una reverberación. Era pálida y aún tenía color. No era blanca del todo.
El miedo absoluto siempre es blanco. Blanco y helado como un infierno que quema por contacto, no por llama.
Alrededor de su pecho seguía el prisma tornasolado. No se iba. No conseguía que se fuera. Pero había algo de marrón de la rabia en ocasiones, algo de la pálida luz malva de la incomprensión. Y el amarillo no estaba casi siempre atenuado. Permanecía allí pero lució cada vez con menos fuerza.
La esperanza no es verde. Es amarilla.
Pero el crisol polícromo seguía ahí. No se iba.
Había espaciado las conversaciones. Las había acortado. Las había reducido en el tiempo y el espacio. No quería que se fuera. Quería que se fuera el amor, pero no ella. Ella no.
Quería no tener que lidiar con la duda. Quería que el velo de mentira que el amor le ponía a la vida no volviera. La quería a ella, no su amor.

Y luego estaban las dos piezas

Puzles incompletos (IV)


Hora y media después se levantó del banco con ganas de disparar a discreción sobre la humanidad en su conjunto.
Aquel hombre era inaguantable. Sus piezas eran afiladas como navajas, sus brillos eran desesperantemente cegadores, horriblemente intensos, repugnantemente obvios.
Había soportado todo un discurso de soberbia y autocomplacencia que iba desde un “las cosas se harán como yo quiera que se hagan y cuando yo quiera que se hagan” hasta el “no pienso enamorarme de nadie que no esté antes enamorada de mi”. Había visto reverberar, brillar y refulgir frustraciones tan obvias que había tenido la tentación de recomendarle antipsicóticos allí mismo.
Una cascada de imprecaciones pasó por su mente cuando hubo de tragarse la respuesta deseada a la afirmación del individuo de “no puedo evitar ser irresistible”; recordó el tuit de las balas cuando su interlocutor no tuvo pudor en afirmar: “para mi es habitual que seis o siete mujeres vayan tras de mi”
-“Todas. Por pocas balas que tenga, todas serían para ti, capullo” -pensó mientras asentía simulando una sonrisa de cómplice comprensión.
Le hervía la sangre. Estaba a punto de estallar.
Necesitaba descargar, necesitaba concentrarse en algo, soltar todos los fulgores repugnantes que su retina había atesorado durante la conversación.
Y pensó en ella. No pudo hacer otra cosa que pensar en ella. Fue un reflejo, fue un instinto, fue una intuición. Tomó el teléfono y lo sujetó un segundo en la mano mientras caminaba, como sopesándolo.
- El 'no' no lo tienes. Tienes un quizá y una esperanza. No la pierdas -le asaltó la voz del hombre desde un banco del parque. Agitaba el móvil en la lejanía- Es un buen tuit, ¿verdad?
Le sonrió y asintió con la cabeza. Luego tecleo en su propio móvil

1 MENSAJE SIN LEER
- ¿Puedes tomarte algo ahora?
Leído
1 MENSAJE SIN LEER
- Por supuesto. Cuándo quieras
Leído

Llegó a las oficinas de Rommates y subió a la primera planta. Las mujeres sin brillo ya no estaban. Habrían utilizado uno de sus múltiples y repetidos velos de mentira para escapar antes de tiempo de sus obligaciones laborales. Como cada día, como toda su vida sin fulgores.
Los ordenadores seguían desgranando los tuits de las cuentas de los clientes para los informes de personalidad virtual. Los contempló unos segundos, esperando, deseando.
La alarma de prioridad, una especie de silbato de barco le sobresaltó. Sonrió

Jinete de los Vientos @jinetedelviento hace 2 m
El 'no' no lo tienes. Tienes un quizá y una esperanza. No la pierdas.
Astara @astara hace 1ms
@jinetedelviento La vida es como un libro en blanco en el que todos los que te rodean se empeñan en escribir sus páginas.
Hacedor sin lágrimas @Insanj hace 1 m
@jinetedelviento @astara ¿Has conseguido mirarte al espejo alguna vez cuando no estás frente a él? Pues eso.
Duque de Randualles @lesskin hace 1m
@jinetedelviento @astara @Insanj ¡Qué hermosa y egoístamente humano @astara ¿Has borrado ya todo lo que escribiste en los libros de otros?
Astara @astara hace 30 s
@jinetedelviento @Insanj @lesskin Por supuesto. Yo no dejo huellas. Soy un profesional
Duque de Randualles @lesskin hace 2 s
@jinetedelviento @astara @Insanj Mi más sentido pésame ¿A qué lugar te envío la esquela y la corona?
Jinete de los Vientos @jinetedelviento hace 2 s
@astara @Insanj @lesskin Conversaciones interminables. Puzles incompletos.

- ¿Mal día? -la voz de su compañera le asaltó desde la espalda- ¿nos vamos?
Echó una última mirada de soslayo a la pantalla. La conversación había desaparecido sustituida por las habituales.
- Conversaciones interminables- susurró y no supo si su compañera le había escuchado.


Y fueron interminables.
Comenzaron a hablar y no dejaron de hacerlo, empezaron a conversar y la conversación se hizo eterna, infinita.
Sacudida por la cotidianidad de asuntos del trabajo, de anécdotas y secretos de Rommates, de bromas y protestas laborales; amasada en historias de otros tiempos, sazonada de ideas y de filosofías, aderezada de vidas y experiencias.
La conversación se hizo interminable e interminable se hizo el resultado.
Él la veía, la contemplaba hablar, con esa suficiencia a veces inocente y exasperarte otras y él contestaba, seguí, completaba, abría nuevos frentes con esa ironía de la que era discípulo, con esa arrogante seguridad en la que era maestro.
Y la conversación hacía su trabajo.
Desde la edad de los colores no veía a nadie completo, no intentaba hacerlo. Pero la conversación lo hacía inevitable.
Puedes estar un lustro hablando cada día con alguien sin poder recibir una verdad. Sin retirar un velo de una pieza. Él estaba preparado para eso. Llevaba viendo y viviendo esa experiencia desde que el céfiro de la falacia le velara por siempre los colores de las piezas.
Pero no estaba preparado para verlo caer.
Fue una pieza pequeña, insignificante, situada en el más alejado extremo de un curvo reborde de su frente
Era una conversación de esas en las que siempre parece que se habla de otra cosa. De esas que se abordan en general para no conducirlas a zonas peligrosas, para no revelar qué se ansía saber y qué no se está dispuesto a revelar
Y lo dijo como quien escucha llover tras la ventana, como quien en la cosa no arriesga daño alguno. Como quién miente.
- No se puede querer sin dar primero -ni siquiera esperó contestación, refrendo o réplica. Continuó como si nada, como si fuera un axioma irrefutable. Como quien cree haber dicho una verdad.
Y él no le escuchó. No podía hacerlo. Su atención se concentró en aquel diminuto punto de su frente que de pronto destacó de entre los otros.
Lo vio tilitar con reflejos dispares, como un pulsar de estrellas diminutas a punto de estallar, como un faro que gira mostrando y ocultando la luz que lleva dentro.
Y se detuvo en rojo. Se quedó parpadeando distante y atenuado mientras ella se detenía y sonreís como si supiera que él estaba perplejo por haber visto disiparse el velo. Como si esperara una respuesta
- Eres una mujer rara -y apartó la mirada sonriendo- No digo diferente, digo rara -parafraseó sonriendo la canción-.
- Puede ser -concedió ella y siguió desgranando la conversación -¿otra copa?

Fue otra y otros cientos. Copas, café de las diez, Martini de la una, cerveza de las seis, whisky de medianoche.
Pasó meses retirando los velos, haciéndolos caer, hablando y contestando, riendo y bromeando y cada día se llevaba a la cama al menos otra pieza de ella desvelada, arrojada al color. Eso y su imagen. Había día que costaba borrar su imagen de los ojos para arrojarse al sueño.
Vio llegar el color a sus hombros, contempló atónito como un día casi sin venir a cuento, la parte de su rostro que es la pena se quedó al descubierto en un ocre pálido y distinto que reverberaba como la luz de un atardecer en un horizonte alejado por la curva del mundo.
Celebró ver iluminados sus muslos en un pálido ámbar contenido, aplaudió interiormente cuando los tenues azulados regresaron al perder el velo mentiroso de las piezas más grandes de sus codos.
Cada conversación era una sinfonía de luces que quitaba las sombras y los velos a las piezas, en fijaba los reflejos en su  sitio, que les daba a todas sus tintes, sus patinas, sus matices, sus tonalidades.
El atlas cromático que era ella le enamoraba a veces, le exasperaba otras, le arrebataba siempre, no le dejaba nunca indiferente.
Volvía una y otra vez a ella sin miedo, siempre que le apetecía, siempre que lo necesitaba. Nunca tenía miedo a que no estuviera para él, a que no quisiera estarlo. Y ella parecía comprender que podía ir a él cunado quisiera. Que podía volver o podía no irse.
Lo hacía con cierta prevención y él lo comprendía. Ella no era capaz de ver las piezas, ella no sabía leer las luces.
Cada vez quedaban menos piezas veladas, cada vez había más colores y luces hasta que un día ocurrió lo inesperado.
Él hablaba. Ella reía. Estaba contando una anécdota de esas que hacen reír hasta que saltan las lágrimas, de esas que casi no pueden terminar de contarse entre las carcajadas y de repente alzó la vista hacia ella y quedó mudo.
Ella le miró y él vio una pieza que brillaba justo al lado del pecho con una tonalidad nunca observada, con un reflejo prismático que parecía ser de todos los colores, que mudaba en secuencias continuas pero siempre parecía ser de todos los colores, que centelleaba cambiante pero se mantenía como lo hace el arco iris.
Nunca había visto algo semejante. Nunca lo había contemplado pero sabía perfectamente lo que era. 
Era aquello que buscó en su adolescencia colocar en el mapa rojo y pardo de la muchacha rabiosa que dijo quererle y extendió sobre el color el velo de la mentira, era lo que había ansiado ver en una madre que siempre mentía su cariño, era lo que temía ver en sus conquistas, lo que nunca había visto en sus amantes.
Era Amor.
El amor no puede ser de un color. Lo sabía aunque nunca hubiera visto una pieza de un humano decorada con él. Aunque hubiera llegado a creer que no existía.
Lo es de todos porque si lo es, lo es todas las ocasiones, en todas las circunstancias, en todos los estados de ánimo. Porque si lo es te arroja a la furia y la templanza, a la dureza y la dulzura, a la pasión y la rutina deseada, a la tranquilidad y al desespero.
Recordó haber aprendido eso del poema, de aquel estudiado y memorizado en una adolescencia en el que los estudios no eran nada para alguien que podía ser dios si lo quería.
La recitó sin querer en su interior mientras miraba la miraba fijamente mientras ella fumaba distraída.

“Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;
no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;
huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar el daño;
creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe”.

Era amor y casi sintió el calor de la luz en sus rodillas. Tuvo miedo. Y nada es más fuerte que el miedo.

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lunes, 24 de febrero de 2014

Puzles incompletos (III)


La risa y el trabajo siguieron. Era simple. Al menos para ellos. El entrevistaba, ella analizaba. Supo que ella había entrevistado pero había decidido no hacerlo. Había pedido no hacerlo.
Para él toda entrevista era redundante. Sabía de antemano lo que se buscaba. Las piezas no mienten. Los reflejos tampoco.
Individuos que llegaban a él hablando de amores imposibles, de estabilidad vital y de los que tenía que apartar la mirada para que no le deslumbrara su entrepierna; mujeres que se le mostraban con velos de amor y de compatibilidad intentando ocultar las iridiscentes necesidades de su vientre sobre hijos no mencionados; psicópatas de piezas de aristas y puntas afiladas de venganza y bordes de locura; eternas compulsivas de tristezas oscurecidas en su pecho y sus labios.
Los intuía casi de antemano. Lo comprobaba tras la presentación. Lo corroboraba tras diez minutos de conversación. El resto era protocolo obligado de la empresa.
Pero ella era distinta. En los análisis ella lo adivinaba. Lo intuía. Era como si supiera algo que los demás no sabían. Era como si viera las piezas.
¿Las veía o simplemente era le experiencia?, ¿podría tener su mismo don, su misma maldición, o simplemente tiraba de intuición y de conocimiento?
Y sus piezas también eran distintas.
Tenía bordes como todas, tenían matices, brillos y refulgencias, como todas. Pero no había aristas, no había filos. En ocasiones le recordaba al hombre del centro comercial. Pero aquel hombre estaba hecho de una pieza.
Siguieron entrevistando, analizando, bromeando y riendo. La risa era un arma que sorprendía en las salas de análisis.
Los había que miraban con una expresión adusta como de disgusto profesional que era incapaz de ocultar la reverberación de su envidia. Otros se acercaban y cerraban la puerta de su estancia aduciendo problemas de audición en sus propios análisis. La risa se multiplicaba cuando la puerta estaba cerrada tras incluir en la causa de la misma al que pretendía eludirla.
Y su velo era distinto. Lo tenía. Todos hemos mentido, todos mentiremos y todos convivimos con la mentira. Pero era distinto. Era como si supiera que estaba ahí, como si las luces y las sombras de sus piezas lo atravesaran cuando era necesario. Como una rutina, como una capacidad enquistada que se tiene pero a la que no se recurre demasiado.
 -Pero ¿tú le has visto? -le dijo ella un día y continuó imitando la voz falsamente profunda e impostada del hombre- “he tenido mis aventuras, no voy a negarlo, pero ahora soy diferente quiero una relación estable, alguien que comparta conmigo y con quien compartir” ¡Anda ya! Ese tío lo único que quiere es alguien que le planche los calzoncillos
- No sé, parecía que lo decía en serio -replicó él ocultando el hecho de que el brillo de sus ojos, el único lugar que solo se enciende con las verdades, le había demostrado que decía la verdad.
- La misma sinceridad que un gato diciéndole a una rata que se acerque -contestó ella con cierto desprecio-.
- No hace falta que me trates como un idiota porque sea nuevo -replicó él en un reflejo de ira-.
- Yo no… -era la primera vez que la veía balbucear, interrumpirse, dudar-.
Era lo que más le molestaba. A veces hablaba con una suficiencia que le crispaba los nervios. Como si creyera saberlo todo. Como si su barbilla estuviera por encima del hombro de la humanidad.
- No he subido el informe de personalidad virtual -anunció levantándose- Voy a por él.
Y se marchó para eludir la discusión. Para eludirla a ella, para eludir las piezas y las luces.
Descendió dos pisos por las escaleras. Dándose tiempo a  tranquilizarse y entró en la oficina central. Se acercó a los archivadores que contenían los informes de personalidad virtual. Los dos seres sin brillos y sin piezas estaban, como siempre, opacos en su supervivencia monitorizando los ordenadores conectados a las redes sociales. Atisbo por encima del hombro de una de ellas.

 Be-lee @belee662 hace 4 m
Que sea imposible que ocurra no implica que no acabe ocurriendo
Jinete de los Vientos @jinetedelviento hace 4 m
@belee662 A menos que te empeñes en que no pase
Duque de Randualles @lesskin hace 2 m
@jinetedelviento @belee662 ¿Por qué no dejáis de hablar con acertijos? Si las indirectas brillasen, vuestro Twitter sería Las Vegas

 -¿Quiénes son? -preguntó sabiendo que no eran clientes. Su pregunta sorprendió a las mujeres sin reflejos veladas de mentira con cien piezas opacas-.
- No lo sabemos -y una línea brillante de complicidad recorrió una de las piezas que formaba su cabello-. Alguien debió programar algo mal en las alertas y cuando cualquier de ellos tuitea nos salta su conversación en prioridad. Podemos quitarla pero dicen cosas muy raras. Son entretenidos.

Astara @astara hace 2 m
@belee662 @lesskin @jinetedelviento Si tuvierais conciencia de lo difícil que es nacer humano perderíamos menos el tiempo.

Se giró para marcharse. No le encontraba ningún sentido a aquella conversación. No tenía referencias. En Twitter la referencia es fundamental. El trino de aviso de la red le hizo girarse de nuevo cuando estaba a punto de abandonar a las mujeres sin destellos.

 Jinete de los Vientos @jinetedelviento hace 2 s
@belee662 @lesskin @astara  Conversaciones interminables. Puzles incompletos.

De nuevo aquel mensaje. De nuevo parecía que para él. De nuevo la casualidad disfrazada de forzada causalidad. Sonrío.
Cuando llegó a las salas de análisis llevaba la sonrisa puesta. La amplió cuando miró a su compañera.
La luz se deslizó por todas y cada una de las piezas que ella le mostró al girarse hacia a él. Supuso que era verde pálida. Cuando veía los colores, el alivio era verde pálido. Verde pálido deslizante.
Amplió aún más su sonrisa. Que lo hiciera por sabía que ella lo necesitaba no significaba que la sonrisa fuera falsa. Él también la necesitaba.

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La política de Rommates era realizar las entrevistas con los clientes en “entornos diferenciados”.
En la web sonaba profesional, entretenido e incluso algo misterioso. En la práctica suponía un peregrinar cansino y agotador de los entrevistadores por garitos infectos, bares de moda, parques semidesérticos, cafeterías cochambrosas y toda una suerte de locales y ubicaciones en los que no tenía sentido hacer una entrevista a un cliente.
Se suponía que de eso se trataba.
Aquel día le había tocado un parque. Con el frío enraizándose como un zarcillo venenoso en los huesos del atardecer, le había tocado un parque; con la niebla cayendo para ejercer de sudario del día que concluía, le había tocado un parque. Con la mala leche que el cansancio y el día entero de trabajo habían acumulado en su ánimo, le había tocado un parque.
Avanzaba rápido por el camino de grava anaranjada que supuestamente servía para que las bicicletas circularan hacia el punto de reunión, un banco junto a una zona de juegos infantiles, cuando reparó en él.
Sentado en una de esas piedras decorativas con las que los diseñadores pretenden romper las líneas rectas con las que el ser humano se empeña en pintar el mundo estaba el hombre del centro comercial.
Seguía siendo negro brillante, seguía sin tener aristas. Seguía siendo de una pieza.
Sin saber por qué se sentó junto a él, sacó un cigarrillo y lo encendió. El hombre estaba absorto en la pantalla de su Smartphone, como lo había estado en el centro comercial. Alzó la mirada y sonrió, como lo había hecho en el centro comercial. Volvió a su pantalla, como había hecho en el centro comercial.
- Estaba el otro día en el centro comercial, ¿verdad? -y cuando terminó de hacer la pregunta ya le parecía absurda-.
- Hay muchos otros días y muchos centros comerciales, ¿no crees? -y la respuesta le pareció más lógica que irónica-.
- Es cierto
- Sí, es cierto. Tan cierto como que el pasillo del detergente no es un lugar adecuado para ligar -la sonrisa del hombre se amplió hasta una carcajada suave, cómplice. Él se unió a la carcajada y a la complicidad-.
Sin solución de continuidad, el hombre le puso el móvil delante de los ojos.
- ¿Te gusta?
  
Jinete de los Vientos @jinetedelviento hace 2 s
A veces es difícil elegir cuando no tienes balas para todos.

- ¿Es usted Jinete de los vientos? -La sorpresa se adueñó de él. Si hubiera podido ver sus propias piezas todas serían amarillo nacarado-.
- Es un buen tuit, -dijo el hombre mientras apretaba el botón de enviar- Cuando era más joven me llamaban de otra forma.
Las respuestas comenzaron a llegar

Be-lee @belee662 hace 2 s
@jinetedelviento Desayuna metralla. Aumenta las posibilidades de cubrir los objetivos
Duque de Randualles @lesskin hace 2 s
@jinetedelviento Como dijo el viejo general: sonríe, estrecha manos… y lleva una división acorazada en el bolso ¿o era en otro sitio?
Astara @astara hace 2 s
@jinetedelviento “Siempre es la mano y no el puñal. Nunca es lo que pudo haber sido”.
Ángel do Pedra @adopedra hace 2 s
@jinetedelviento Morir matando y sin razón es disparar al aire con balas de foguero
Hacedor sin lágrimas @Insanj hace 2 s
@jinetedelviento ¿para qué matarles si ya han decidido que están muertos?

- ¿Quiénes son? -pregunto mientras las respuestas seguían desgranándose en la pantalla del móvil-.
- Amigos, enemigos, aliados, ganadores y perdedores de todas mis batallas. Entrañables desconocidos. Como ese que está llegando lo es para ti, supongo.
Se levantó y comenzó a caminar dándole la espalda.
Antes de que pudiera reaccionar se sentó en el banco un individuo que se dirigió a él
- Buenos días, o mejor dicho, tardes -dijo mientras se apartaba los faldones de la levita para sentarse en la fría madera- ¿es usted el entrevistador de Rommates?, Encantado…