Sus manos volaban, se movían solas, ejecutaban una danza
antigua e inconsciente en la más completa oscuridad. Apenas tocaban la
película, colocaron las espirales, agitaron y golpearon las cubetas. Siguieron
los tiempos y las formas que creía olvidados para siempre revelaron, fijaron, y
colgaron. Era como si la oscuridad la hubiera movido en el tiempo, la hubiera
trasladado a un lugar al que nunca había pensado volver.
Y la luz volvió mientras usaba el secador de pelo, la ampliadora, la lupa,
el marginador, herramientas que no utilizaba desde sus primeros cursillos de
fotografía. Y al cabo de horas que podía haber sido minutos o días las tenía
todas.
Las miró como el que mira una procesión de Semana Santa.
Como quien se encuentra con la Santa Compaña.
Almas. Paisajes.
Se separó para contemplarlas en su conjunto. Nada parecido a
lo que adornaba su salón. Nada parecido a dos viejos libaneses paseando por
Belén.
Paramos yermos, praderas florecientes, enredaderas que
tiraban de robles impidiéndoles crecer, árboles tan alejados en los márgenes de
la imagen que apenas podía considerarse que formaban parte del mismo paisaje,
inmensas sequoias que tapaban el sol a delgados álamos, sauces retorcidos sobre
sí mismos. Un mar, un faro zarandeado por las olas, una ciudad devastada,
árboles que entrelazaban una sola rama, tocones caídos, cedros hendidos por un
rayo…
- Me gusta el mar -la voz del hombre la sobresaltó, ¿de
dónde había salido?- es plano, infinito, sin navegar. Como el alma de un niño.
Eso era. Le sorprendió que no le sorprendiera que el hombre
hubiera acertado de pleno.
- Muchas gracias -dijo ella mientras recogía las fotos, ya
secas de sus emplazamientos- ha sido usted muy amable. Ha sido divertido.
- Un poco vacíos los paisajes, ¿no le parece?, ¿no les falta
algo?, ¿aunque a lo mejor les sobra? No sé.
- No todos los paisajes tiene árboles -ella sabía porque lo
decía, pero intentó que pareciera algo casual, algo insustancial-.
- Pero pueden tenerlos -comentó el hombre con la misma
indiferencia mientras rebuscaba algo debajo de la vieja mesa de madera que
estaba en el cuarto de revelado-.
Y ella volvió a mirar el conjunto de las imágenes.
En el páramo eran dos huecos lejanos, como cráteres apenas
diferentes del resto de la tierra yerma, en otros paisajes había unas ramas
caídas, en otros eran puntas de raíces que sobresalían apenas inundadas por
brillantes girasoles, en otros había uno seco en la montaña y otro roto en el
centro un campo de juncos, en otros no se veían pero se intuían en las lindes
de un rio o de un lago. Pero en todas las imágenes, de una manera u otra… Menos
en el mar. Pero el mar era el alma de un bebé.
- Una foto es un momento, un instante -dijo el hombre
sacando la cabeza de debajo de la mesa con una cuerpo de cámara en la mano- El
tiempo cambia las cosas. Siempre lo hace. Tome -le tendió el cuerpo de la vieja
cámara. Era digital, pero de las antiguas Ella arqueó una ceja- . Es un modelo
raro, lo hicieron para que pudieran aprovecharse las ópticas de los viejos
modelos de película. Ya se sabe que la óptica es siempre lo que importa. Así no
tendrá que gastarse el dinero en revelados. Es el pago por cuidarme la tienda.
Se fue con las fotos en un sobre, el trípode bajo y la
sonrisa del hombre grabada en su memoria. Amanecía. Había pasado la noche en
vela.
Desde el bolsillo del abrigo
su IPhone con su trino le recordó su existencia. Lo miró.
Lo hago así @lohagoasí 5 s
Hoy es lunes y los espejos siempre muestran las cosas al
revés. Haceos una foto y me contáis.
¿Por qué recibía siempre aviso de sus tuits? Tenía que
revisar la configuración de su cuenta. Recordó que no había pagado. Se giró y
vio a través del escaparate al viejo dependiente estaba concentrado en su
móvil. La ignoró.
L@S SINCUERPO
RAMHATA
- ¿Se hará la foto?
NOMUERTO
- Ha bailado tu danza con las manos en la oscuridad ¿tienes
alguna duda??
JINETE
- La muerte te vuelve
críptico, viejo amigo
ANGEL DE PIEDRA
- ¿Y el otro?, ¿qué pasa con el otro?
NOMUERTO
- Llevas eones parado en un cementerio, chaval. Dime algo que
no sepa sobre el tiempo
JINETE
- Y soberbio, también te vuelve soberbio. Me gusta
Un mar infinito, como el alma de un niño, y un solo árbol
desnudo pero vivo en la orilla.
Durante toda la semana se la hizo una y mil veces.
En BestDay todo seguía igual, Ni una referencia al sms, ni
un cambio de actitud. Seguían siendo ellos, seguían siendo ella y él. Ocurría a
veces. Ocurría siempre. Hacían las cosas y luego era como si no las recordaran.
Ella se apartaba y él la seguía. Él se retraía y ella le sacaba de ese
retraimiento. Hablaban, bromeaban. Él la saludó con un texto, ella le dio los
buenos días con una fotografía. Todo seguía igual.
Pero cada día repetía la foto. La hizo con un 75-30, la hizo
con un gran angular, con un ojo de pez. La repitió una y mil veces con el 50
desde todos los ángulos posibles. Cambio las luces, estudió las sombras,
modifico los fondos. La preparó a conciencia.
Hasta hizo la locura de tirar de teles y de zooms. Preparó
un 500 con remoto en la terraza y se fotografió casi a un kilómetro de
distancia. Se movió justo en el momento disparo, le llamó por teléfono mientras
se retrataba…
Un mar infinito, como el alma de un niño, y un solo árbol
desnudo pero vivo en la orilla. Siempre igual.
No es que la obsesionara, no es que la preocupara. Pero
quería hacerlo.
Incluso le sacó a él, a escondidas, una foto con la Minolta
muerta.
Un mar infinito, como el alma de un niño, y un solo árbol
desnudo pero vivo en la orilla.
Y llegó el viernes. Y llego el tuit.
Y
llegó la tarde. Y llegaron las copas. Y llegó la conversación.


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