Empezó como empezaban todas.
Hablaron de trabajo, se desfogaron. Se desahogaron.
De la oficina, a la jefa, de la incompetencia a los
recuerdos divertidos, de los consejos a las risas, del trabajo a la vida.
A la vida en general, sin nombres ni apellidos, sin sus
nombres ni apellidos. A la vida, a los pensamientos, a los principios, a muchas
otras cosas. A hablar de la imposibilidad de querer desde el primer momento, de
dar poder a otros sobre ti, de ejemplos y teorías.
- Si yo te beso -dijo ella en un momento para ilustrar algo-
- ¡Ah, por fin has decidido besarme! -contesto él-.
Y el registro empezó a cambiar.
- Es cuestión de empezar dando -dijo él más adelante-.
- No me creo tu rollo. Te encanta que te quieran -contestó
ella-.
Y el registro terminó de cambiar.
Pero nada cambio. No se pasó de la broma a la tragedia, no
se mutó de la risa a la agonía. Las risas siguieron intercalándose, las heridas
producidas por manos y armas de otros y de otras siguieron curándose.
Y la conversación terminó como las anteriores, como otras
muchas, como otros momentos compartidos de diversión y conocimiento, como otros
muchos momentos de puzles incompletos.
- Me he divertido -dijo ella al despedirse. Y a él no le
sonó como que faltaba algo-.
- Hasta el lunes. Te quiero -dijo el al despedirse. Y a ella
no le sonó como si sobrara algo-.
Llegó a casa y se hizo la foto. Ya casi era un ritual. No
esperaba nada. Al menos no nada diferente. Sin mirar previamente el resultado,
proyectó la instantánea sobre la pared. El timbre sonó. Arqueó una ceja.
- Buenas noches -le saludó la voz del viejo dependiente de
la tienda de fotografía acercándose en extremo a la mirilla de la puerta- se
dejó esto -agitó un monedero delante del círculo de luz que era la mirilla-.
Ella Abrió para recogerlo y darle las gracias. ÉL hombre
entró en la casa como si le hubieran con la misma naturalidad que tendría
alguien que había sido anunciado en una recepción oficial de una legación
diplomática.
- Curiosa instantánea -dijo mirando la fotografía proyectada
en la pared-.
Solo entonces ella se fijó en la fotografía. Esperaba un mar
infinito, como el alma de un niño, y un solo árbol desnudo pero vivo en la
orilla pero vio otra cosa.
- Ayer no era así -masculló sorprendida-
- Los paisajes es lo que tienen, querida -y ese querida sonó
como llegado de una conversación tenida en una puesta de largo victoriana- que
cambian.
- Con el tiempo, lo sé.
- Y con la lluvia, querida, y con la lluvia - la miró con
unos ojos que parecían saber y divertirse, conocer y sufrir- El tiempo no le
sirve de nada a los paisajes si no se les riega de vez en cuando -ella tomó
aire para hablar, pero calló- aunque este es ciertamente un caso de floración
asincrónica bastante peculiar . Habrá que aguantar al tronco florecido hasta
que los pequeños brotes del otro consigan igualarlo. No veía algo parecido
desde el Bosque de Hauntling. Era un bosque que estaba vivo -el hombre se
embalaba- Aunque claro, Hauntling y Ada siempre tuvieron el problema del veneno.
- ¿Perdón? -replicó ella sorprendida sin poder apartar la
mirada de la fotografía proyectada en la pared.
- Es una historia larga. Si me lo recuerdas otro día te la
cuento, querida. En fin que, por experiencia sé que en estos casos los que
florecen pronto suelen aguantar a poco que se les riegue. Soy botánico
aficionado, ¿sabías? Hay que confiar en que la floración aguante el tiempo
suficiente con el riego. Tiempo, confianza… Fe, espera… Ya sabes, esos
equilibrios raros que necesitan los paisajes. Bueno, me voy.
Y salió por la puerta como quien hace un mutis por el foro
en una representación de una comedia shakesperiana.
Ella miró la pared y sonrió. El IPhone trinó. Solo por salir
de su ensimismamiento lo miró.
Tejedora @nohelu 1 s
Cada segundo de tiempo que me das es una gota de lluvia que
te ganas.
No sabía quién era. Seguramente algún avatar absurdamente
filosófico que seguía por alguna frase acertada o algún varón intenso fingiendo
ser mujer para ligar o algún cínico. No le importaba. Había dado en el clavo.
Respondió sin querer.
Diosa Fortuna @diosafortuna 1 s
@nohelu Confianza y
tiempo rehacen los paisajes.
Apagó el proyector mientras el IPhone le trinaba las
respuestas. Ignoró a la mujer escrutando el horizonte, al tipo con el ceño
fruncido, al vaquero con las gafas ahumadas, a Mae West, a la actriz porno
nacida en Cincinnati, a los tres gatos, al
dragón de la lluvia y al Lago Ness.
Ignoró al número vagamente contable de narices, ojos,
labios, lenguas, piernas y sonrisas.
Se durmió con la imagen y quizás con una sonrisa en los
labios. Nadie sabe lo segundo. No había nadie allí para contarlo.
L@S SINCUERPO
JINETE
- ¿Y él? üü
NOMUERTO
- Ya he estado en ello. No me presiones üü


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