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martes, 18 de marzo de 2014

La Óptica de los Paisajes. Her View (yVI)


Empezó como empezaban todas.
Hablaron de trabajo, se desfogaron. Se desahogaron.
De la oficina, a la jefa, de la incompetencia a los recuerdos divertidos, de los consejos a las risas, del trabajo a la vida.
A la vida en general, sin nombres ni apellidos, sin sus nombres ni apellidos. A la vida, a los pensamientos, a los principios, a muchas otras cosas. A hablar de la imposibilidad de querer desde el primer momento, de dar poder a otros sobre ti, de ejemplos y teorías.
- Si yo te beso -dijo ella en un momento para ilustrar algo-
- ¡Ah, por fin has decidido besarme! -contesto él-.
Y el registro empezó a cambiar.
- Es cuestión de empezar dando -dijo él más adelante-.
- No me creo tu rollo. Te encanta que te quieran -contestó ella-.
Y el registro terminó de cambiar.
Pero nada cambio. No se pasó de la broma a la tragedia, no se mutó de la risa a la agonía. Las risas siguieron intercalándose, las heridas producidas por manos y armas de otros y de otras siguieron curándose.
Y la conversación terminó como las anteriores, como otras muchas, como otros momentos compartidos de diversión y conocimiento, como otros muchos momentos de puzles incompletos.
- Me he divertido -dijo ella al despedirse. Y a él no le sonó como que faltaba algo-.
- Hasta el lunes. Te quiero -dijo el al despedirse. Y a ella no le sonó como si sobrara algo-.

Llegó a casa y se hizo la foto. Ya casi era un ritual. No esperaba nada. Al menos no nada diferente. Sin mirar previamente el resultado, proyectó la instantánea sobre la pared. El timbre sonó. Arqueó una ceja.
- Buenas noches -le saludó la voz del viejo dependiente de la tienda de fotografía acercándose en extremo a la mirilla de la puerta- se dejó esto -agitó un monedero delante del círculo de luz que era la mirilla-.
Ella Abrió para recogerlo y darle las gracias. ÉL hombre entró en la casa como si le hubieran con la misma naturalidad que tendría alguien que había sido anunciado en una recepción oficial de una legación diplomática.
- Curiosa instantánea -dijo mirando la fotografía proyectada en la pared-.
Solo entonces ella se fijó en la fotografía. Esperaba un mar infinito, como el alma de un niño, y un solo árbol desnudo pero vivo en la orilla pero vio otra cosa.
- Ayer no era así -masculló sorprendida-
- Los paisajes es lo que tienen, querida -y ese querida sonó como llegado de una conversación tenida en una puesta de largo victoriana- que cambian.
- Con el tiempo, lo sé.
- Y con la lluvia, querida, y con la lluvia - la miró con unos ojos que parecían saber y divertirse, conocer y sufrir- El tiempo no le sirve de nada a los paisajes si no se les riega de vez en cuando -ella tomó aire para hablar, pero calló- aunque este es ciertamente un caso de floración asincrónica bastante peculiar . Habrá que aguantar al tronco florecido hasta que los pequeños brotes del otro consigan igualarlo. No veía algo parecido desde el Bosque de Hauntling. Era un bosque que estaba vivo -el hombre se embalaba- Aunque claro, Hauntling y Ada siempre tuvieron el problema del veneno.
- ¿Perdón? -replicó ella sorprendida sin poder apartar la mirada de la fotografía proyectada en la pared.
- Es una historia larga. Si me lo recuerdas otro día te la cuento, querida. En fin que, por experiencia sé que en estos casos los que florecen pronto suelen aguantar a poco que se les riegue. Soy botánico aficionado, ¿sabías? Hay que confiar en que la floración aguante el tiempo suficiente con el riego. Tiempo, confianza… Fe, espera… Ya sabes, esos equilibrios raros que necesitan los paisajes. Bueno, me voy.
Y salió por la puerta como quien hace un mutis por el foro en una representación de una comedia shakesperiana.
Ella miró la pared y sonrió. El IPhone trinó. Solo por salir de su ensimismamiento lo miró.
  
Tejedora @nohelu                               1 s
Cada segundo de tiempo que me das es una gota de lluvia que te ganas.

No sabía quién era. Seguramente algún avatar absurdamente filosófico que seguía por alguna frase acertada o algún varón intenso fingiendo ser mujer para ligar o algún cínico. No le importaba. Había dado en el clavo. Respondió sin querer.

Diosa Fortuna @diosafortuna              1 s
@nohelu  Confianza y tiempo rehacen los paisajes.

Apagó el proyector mientras el IPhone le trinaba las respuestas. Ignoró a la  mujer  escrutando el horizonte, al tipo con el ceño fruncido, al vaquero con las gafas ahumadas, a Mae West, a la actriz porno nacida en Cincinnati, a los tres gatos, al  dragón de la lluvia y al Lago Ness.
Ignoró al número vagamente contable de narices, ojos, labios, lenguas, piernas y sonrisas.

Se durmió con la imagen y quizás con una sonrisa en los labios. Nadie sabe lo segundo. No había nadie allí para contarlo.



L@S SINCUERPO
JINETE
- ¿Y él? üü
NOMUERTO
- Ya he estado en ello. No me presiones   üü

lunes, 17 de marzo de 2014

La Óptica de los Paisajes. Her View (V)



Sus manos volaban, se movían solas, ejecutaban una danza antigua e inconsciente en la más completa oscuridad. Apenas tocaban la película, colocaron las espirales, agitaron y golpearon las cubetas. Siguieron los tiempos y las formas que creía olvidados para siempre revelaron, fijaron, y colgaron. Era como si la oscuridad la hubiera movido en el tiempo, la hubiera trasladado a un lugar al que nunca había pensado volver.
Y la luz volvió mientras usaba  el secador de pelo, la ampliadora, la lupa, el marginador, herramientas que no utilizaba desde sus primeros cursillos de fotografía. Y al cabo de horas que podía haber sido minutos o días las tenía todas.
Las miró como el que mira una procesión de Semana Santa. Como quien se encuentra con la Santa Compaña.
Almas. Paisajes.
Se separó para contemplarlas en su conjunto. Nada parecido a lo que adornaba su salón. Nada parecido a dos viejos libaneses paseando por Belén.
Paramos yermos, praderas florecientes, enredaderas que tiraban de robles impidiéndoles crecer, árboles tan alejados en los márgenes de la imagen que apenas podía considerarse que formaban parte del mismo paisaje, inmensas sequoias que tapaban el sol a delgados álamos, sauces retorcidos sobre sí mismos. Un mar, un faro zarandeado por las olas, una ciudad devastada, árboles que entrelazaban una sola rama, tocones caídos, cedros hendidos por un rayo…
- Me gusta el mar -la voz del hombre la sobresaltó, ¿de dónde había salido?- es plano, infinito, sin navegar. Como el alma de un niño.
Eso era. Le sorprendió que no le sorprendiera que el hombre hubiera acertado de pleno.
- Muchas gracias -dijo ella mientras recogía las fotos, ya secas de sus emplazamientos- ha sido usted muy amable. Ha sido divertido.
- Un poco vacíos los paisajes, ¿no le parece?, ¿no les falta algo?, ¿aunque a lo mejor les sobra? No sé.
- No todos los paisajes tiene árboles -ella sabía porque lo decía, pero intentó que pareciera algo casual, algo insustancial-.
- Pero pueden tenerlos -comentó el hombre con la misma indiferencia mientras rebuscaba algo debajo de la vieja mesa de madera que estaba en el cuarto de revelado-.
Y ella volvió a mirar el conjunto de las imágenes.
En el páramo eran dos huecos lejanos, como cráteres apenas diferentes del resto de la tierra yerma, en otros paisajes había unas ramas caídas, en otros eran puntas de raíces que sobresalían apenas inundadas por brillantes girasoles, en otros había uno seco en la montaña y otro roto en el centro un campo de juncos, en otros no se veían pero se intuían en las lindes de un rio o de un lago. Pero en todas las imágenes, de una manera u otra… Menos en el mar. Pero el mar era el alma de un bebé.
- Una foto es un momento, un instante -dijo el hombre sacando la cabeza de debajo de la mesa con una cuerpo de cámara en la mano- El tiempo cambia las cosas. Siempre lo hace. Tome -le tendió el cuerpo de la vieja cámara. Era digital, pero de las antiguas Ella arqueó una ceja- . Es un modelo raro, lo hicieron para que pudieran aprovecharse las ópticas de los viejos modelos de película. Ya se sabe que la óptica es siempre lo que importa. Así no tendrá que gastarse el dinero en revelados. Es el pago por cuidarme la tienda.
Se fue con las fotos en un sobre, el trípode bajo y la sonrisa del hombre grabada en su memoria. Amanecía. Había pasado la noche en vela.
Desde el bolsillo del abrigo  su IPhone con su trino le recordó su existencia. Lo miró.

Lo hago así @lohagoasí      5 s
Hoy es lunes y los espejos siempre muestran las cosas al revés. Haceos una foto y me contáis.

¿Por qué recibía siempre aviso de sus tuits? Tenía que revisar la configuración de su cuenta. Recordó que no había pagado. Se giró y vio a través del escaparate al viejo dependiente estaba concentrado en su móvil. La ignoró.

L@S SINCUERPO
RAMHATA
- ¿Se hará la foto? 
 NOMUERTO
- Ha bailado tu danza con las manos en la oscuridad ¿tienes alguna duda??  
JINETE
-  La muerte te vuelve críptico, viejo amigo  
ANGEL DE PIEDRA
- ¿Y el otro?, ¿qué pasa con el otro?  
NOMUERTO
- Llevas eones parado en un cementerio, chaval. Dime algo que no sepa sobre el tiempo  
JINETE
- Y soberbio, también te vuelve soberbio. Me gusta   

 Y se la hizo. Hizo lo que ni en la rabia, ni en el miedo, ni en la pena o la locura había hecho. Usó los viejos objetivos de la Minolta tocada por la muerte para retratarse.
Un mar infinito, como el alma de un niño, y un solo árbol desnudo pero vivo en la orilla.
Durante toda la semana se la hizo una y mil veces.
En BestDay todo seguía igual, Ni una referencia al sms, ni un cambio de actitud. Seguían siendo ellos, seguían siendo ella y él. Ocurría a veces. Ocurría siempre. Hacían las cosas y luego era como si no las recordaran. Ella se apartaba y él la seguía. Él se retraía y ella le sacaba de ese retraimiento. Hablaban, bromeaban. Él la saludó con un texto, ella le dio los buenos días con una fotografía. Todo seguía igual.
Pero cada día repetía la foto. La hizo con un 75-30, la hizo con un gran angular, con un ojo de pez. La repitió una y mil veces con el 50 desde todos los ángulos posibles. Cambio las luces, estudió las sombras, modifico los fondos. La preparó a conciencia.
Hasta hizo la locura de tirar de teles y de zooms. Preparó un 500 con remoto en la terraza y se fotografió casi a un kilómetro de distancia. Se movió justo en el momento disparo, le llamó por teléfono mientras se retrataba…
Un mar infinito, como el alma de un niño, y un solo árbol desnudo pero vivo en la orilla. Siempre igual.
No es que la obsesionara, no es que la preocupara. Pero quería hacerlo.
Incluso le sacó a él, a escondidas, una foto con la Minolta muerta.
Un mar infinito, como el alma de un niño, y un solo árbol desnudo pero vivo en la orilla.

Y llegó el viernes. Y llego el tuit.


Y llegó la tarde. Y llegaron las copas. Y llegó la conversación.

viernes, 14 de marzo de 2014

La Óptica de los Paisajes. Her View (IV)

L@S SINCUERPO
 INSANJ
- ¿Es buena idea? 
 NOMUERTO
- ¿Cómo quieres que lo sepa?  
 EGLAMOR
-  Va a ciegas 
BE-LEE
- ¡Mira quién habla!, ¿no se trata de eso?  
 NOMUERTO
- ¡Callaos! Deberías ser dioses. Así al menos podría haceros callar con mis plegarias  
JINETE
- Jajaja, Muy bueno Lesskin. El cinismo es muy divertido cuando es falso.  

 

Y disparó.
Disparó con la fría y cruel precisión de un francotirador serbio en un mercado bosnio, hiriendo, no matando, atrayendo más vidas al altar de la muerte. Disparó con el miedo del miliciano que levantaba el arma por encima del parapeto y dispara deprisa con el terror encogiéndole las entrañas.
Disparó con los ojos cerrados del soldado que no quiere disparar pero lo hace obedeciendo órdenes; con la tristeza del que dispara sabiendo que su disparo arrancará una vida; con la furia enfermiza del que aprieta el gatillo sin reparar en nada para seguir las falsas revelaciones de su dios; con la ignorancia del que cree que una muerte más conducirá al mundo a su imposible revolución.
Con la vergüenza del que saca la pajita más corta para  componer un pelotón e ejecución, con la indiferencia del que da el disparo de gracia a alguien que cree ya muerto, con la rabia del que usa su arma en una venganza inútil que nunca trae la paz. Con la desesperación del que se defiende, con la elegancia del que cobra por ello, con la indolencia del que paga por hacerlo.
Con la indiferencia de quien lo cree su derecho, con el convencimiento de quien lo imagina su obligación, con la tranquilidad de quien sabe que es capaz de hacerlo, con el nerviosismo de quien cree que nunca lo conseguirá.
Disparó la X-700 como una carabina de precisión, como un subfusil, como una ametralladora de posición, como un revolver, como un tiro de gracia, como una batería de misiles.
Como un arma de construcción masiva.
Se detuvo. Ya no quedaba rabia, ya no quedaba furia, ya no quedaba incomprensión, ya no quedaba carrete en la Minolta.
Había sido una explosión y había pasado como otras tantas pequeñas furias en su vida, como irían y vendrían otras muchas.
Se sentía agotada. Los hombros agarrotados, el dedo entumecido, los ojos irritados. Sentía llegar de lejos un martilleo sordo en su cabeza que anunciaba el dolor de la venidera migraña.
Por un momento creyó poder recodar cada rostro encuadrado, cada disparo, cada instantánea capturada. Giró la cámara, el objetivo muerto apuntando hacia el suelo, en el gesto instintivo de buscar el visor para revisar los disparos.
Pero era una Minolta X-700. Era vieja. Antigua como otras guerras, como otras vidas.
Su cabeza era ya un yunque contra el que se estrellaban rítmicamente los martillazos del dolor y salió a la terraza para intentar que el viento vespertino la aliviara. Era pronto para iniciar el rito del ibuprofeno.
EL paisaje era digno. No espectacular, no memorable, pero digno. Un lejano atardecer en naranjas y malvas, recortado contra las siluetas de los iconos ansia humana de grandeza, edificados en cemento, hierro y cristal.
Jugaba con los carretes de la Minolta en las manos. Los pasaba rítmicamente de una palma a otra y los hacía rodar por ellas.
Reparó de repente en una pequeña tienda en la calle. Su entrada era estrecha, casi ponía en duda la posibilidad de que alguien traspasara el umbral. “Foto Qué” podía leerse en el rotulo sin luz.
¿Qué pintaba una tienda de fotografía en una calle en la que no había ni siquiera una panadería? Qué extraño negocio para abrir en ese entorno de urbanizaciones que siempre miran hacia adentro, que nunca salen hacia afuera, en ese tiempo de USB y entornos digitales gestionados desde el teléfono y el disco duro. ¿Era un dinosaurio que se resistía a morir o un loco que no sabía que ya estaba muerto?, ¿había estado siempre ahí?, ¿cómo no se había fijado antes?
Dos minutos después atravesaba la puerta del establecimiento con el dolor de cabeza encima de los hombros.
Marcos vacíos, álbumes vacíos imitando pieles viejas, fotos inocentes de niños vestidos de marinero, mujeres embellecidas en blanco radiante saliendo de limusinas con ramos de flores tan sonrientes como ellas en la mano. Lo típico de una vieja tienda de fotografía.

- Buenas tardes, señorita -le saludo el hombre. Un tipo con la edad escondida tras su sonrisa de dependiente- ¿Qué desea?
- “Parece de otro tiempo” -pensó y el pensamiento le trajo la ráfaga del recuerdo de alguien girando la esquina de Children Street gritando a los cuatro vientos una frase sin sentido, de un cámara aburrido esperando a su jefa- Quisiera que me revelara esto. Es en blanco y negro.
- ¿Tiene mucha prisa? -pregunto el hombre mirando los carretes y sopesándolos como si con ello fuera a descubrir- Hoy en día la gente siempre tiene prisa. Prisa para todo. Creen que revelar una foto es lo mismo que volcarla en el ordenador. Tienen prisa y la prisa mata le tiempo, lo comprime…
- Ya, ya -interrumpió con una sonrisa vaga como de aceptación muda de la teoría- Pues sí, algo de prisa tengo.
- Pues ha tenido suerte -el hombre dio un respingo que casi la sobresaltó. Tengo todo preparado. ¿Sé quedará a esperar?, ¿volverá dentro de un rato? Ya sabe que esto lleva su tiempo y son muchas fotos.
- ¿Cuándo cierra? - y se dio cuenta de que el hombre no le hacía ni caso. Había fijado su atención en un móvil que probablemente había sacado del bolsillo de su camisa. Espero un par de minutos en silencio y el hombre volvió a mirarla- Perdone, tengo que irme un momento, es urgente, me han dicho que hay un material que conviene que vea y…
- Vale, vale, volveré mañana -dijo ella tendiéndole la mano para que le devolviera los carretes.
- Hagamos una cosa -dijo el hombre reteniendo el material- Pasé usted. Se nota que es profesional, si quiere vaya haciéndolo usted y cuando yo vuelva la ayudo o la espero, lo que prefiera. Venga, venga -la dijo animándola ante su cara de sorpresa y duda- será divertido. ¡Como en los viejos tiempos!
Y el tipo se fue soltando una llave encima del mostrador -Si acaba antes de que vuelva, cierre y deje la llave dentro de la maceta- Y está vez su voz si parecía idéntica a otro que oyera hace tiempo en Belén.
No cabía en sí de sorpresa
¿Cómo en los viejos tiempos? -pensó con enfado- ¿Cuántos años se creía ese tipo que tenía? Ella era de la era digital, ella era…
Cogió el teléfono y accedió a Whatsapp. Buscó a su amiga y el plexo solar evitado hacía un rato la saludó de pronto.

MARTADIVINA
- ¿A que está bueno?  üü
- Bueno ya me dirás. Ya sé que a ti no te van demasiado… buenorros üü
- ¿Qué tal con lo tuyo? üü
- No le habrás contestado, ¿verdad? üü
- Pasa de él. Se enganchará de ti üü
- Los tíos son para lo que son üü
- ¿Qué haces, chica?, ¿por qué no te conectas? üü
- Por cierto que le he dicho a Paco que dormiré en tu casa porque estás hecha polvo y tal, que no se te olvide. Besitos. üü
 FORTUNA
- Tengo trabajo.üü  


Se metió en la habitación y cerró la puerta. La total oscuridad se llevó de repente el dolor de cabeza.

jueves, 13 de marzo de 2014

La Óptica de los Paisajes. Her View (III)



Levanta la cabeza y se fija en un hombre que espera sentado con las piernas cruzadas en una de las sillas del pasillo. Es delgado, casi endeble, parece de cristal, a punto de romperse por algún lado y tiene un deje anticuado. No puede precisar si en la postura, en la ropa, en la actitud…
- ¿Y ese? -pregunta moviendo levemente la cabeza en la dirección del extraño.
- Un cámara. Creo que el de la boda de los Molinero. Es su primo o algo así. Viene a ver a Marisa para que le de las especificaciones técnicas de la grabación.
- Pues tendrá que esperar a que haga sus recados -mira el reloj y frunce el ceño. Vuelve a mirar al hombre que sonríe vagamente mientras hace lo que hace todo el mundo cuando espera o se aburre. Entretenerse con el móvil- .

L@S SINCUERPO
JINETE
- No deberías hacerlo así y lo sabes. üü   
NOMUERTO
- Y tú deberías ejercer de lo que eres y no lo haces ¿te digo yo como hacer tú trabajo?  üü
ASTARA
-  ¿Ahora es un trabajo?  üü
BE-LEE
- Siempre lo fue.  üü
NOMUERTO
- Pero tengo todas las cartas. Ahora puedo hacerlo bien. üü  
NOHELU
- ¿Después de tantos milenios maduraste, Lesskin?  üü
NOMUERTO
- Cada vez que se muere se crece un poco. üü

Teclea la última respuesta y cambia de aplicación, el cuadrado de Twitter le reclama. Levanta la cabeza y ve como el hombre está apartando la silla de la mesa para levantarse. Se da prisa.
- Voy a atenderle - dice el haciendo además de levantarse. En ese momento el trino suena desde su bolsillo. Se echa mano al móvil para silenciarlo. Apenas escucha lo que ella dice. Siempre tiene una porción no desdeñable de su atención puesta en ella y ella lo sabe y a veces la molesta. Pero está vez sabe lo que dice antes de que lo diga.
- Eres demasiado bueno. No tienes que hacer su trabajo. Esto terminará estallando ¿y si un día no estás?
No puede evitar ver de reojo el tweet cuando va a silenciar el móvil. Es una foto.


La Baronesa @lesskin  30s
Podría hacerlo de otro modo. Pero lo hago así.

Sonríe y envía un mensaje de texto. Escucha el sonido de cómo llega a su destinataria.
 1 MENSAJE SIN LEER DE GLBM
- Seguro que la estoy cagando al decir esto. Te quiero.
Leído

_________________________________________________

Mira otra vez el sms. Ha llegado hace cuatro minutos. Él aún habla con el hombrecillo. Vuelve a mirarlo. Está furiosa. En realidad no lo está pero a lo mejor debería estarlo. Arroja el bolso en el sofá y bufa. Los zumbidos están a punto de hacer moverse el bolso y tirarlo al suelo. Saca el IPhone con la misma furia con la que Luis XVI habría arranado de saber el futuro la piel a Robespierre.
 Dos conversaciones la llaman, la reclaman, la molestan, la importunan.

MARISA
- No hay mensaje de felicitación de la abuela del novio de los Sánchez   üü
FORTUNA
- Tiene una traqueotomía hecha desde hace doce años. ¿Lo intentamos cuando mejore o contratamos alguien que lo haga por lenguaje de signos?  üü
MARISA
-  Sí, gracias.   üü

Si fuera un león rugiría, si hubiera nacido dragón haría arder una ciudad con su aliento. Si fuera de otro tiempo mataría. Como es mujer y de este tiempo, tuitea.

Diosa Fortuna @diosafortuna    1 s
#soymuyfan
De los impermeables al sarcasmo que nunca entienden lo que escuchan.

Va a la segunda conversación de Whatsapp

MARTADIVINA
- Te mando una foto del tío. Está que cruje. üü  
FORTUNA
- Ahórratela. No lo tengo para ruidos. üü  
MARTADIVINA
- ¿Qué te pasa, chica?   üü
FORTUNA
- Son idiotas, los tíos son idiotas. Nunca hacen lo que deben.  üü 
MARTADIVINA
- Nunca hacen lo que esperamos que hagan. No es lo mismo.  üü
FORTUNA
- No saben esperar. Dicen las cosas a destiempo. üü  
MARTADIVINA
- Por eso no les escucho. üü  
FORTUNA
- No, tú solo te los follas. üü  
MARTADIVINA
- Eso. ¿Qué importa el alma con un cuerpo como este?  üü

Abandona el IPhone antes de ver la foto. Seguramente otro plexo solar depilado y marcado, otra V del amor bien definida. Nada nuevo bajo el sol.
¿Por qué tiene que decir eso? -fija su mirada en la cámara muerta en el estante- ¿Qué espera? ¿Qué le responda?, ¿yo también?, ¿Cómo puede quererse a alguien que no se conoce? ¿Qué importa el alma cuando…? Almas… ¡Las almas son paisajes!... -La X-700 la mira muerta desde la estantería- ¿Cómo puede decir eso?, ¿espera que le crea… ¡Las almas son paisajes!
El sonido la sobresalta.
¿Quién es ahora?, ¿Quién marca ahora un favorito? Hace siglos que no tuitea nada con sentido, lo hace aposta.

Diosa Fortuna @diosafortuna          23 ago
No tengo todo lo que quiero. Pero quiero todo lo que tengo.
1 Favorito    La Baronesa @Lesskin


Y no supo por qué. No se paró a pensarlo. Tomó la cámara del estante, rebuscó en los cajones hasta encontrar los rollos de película y la cargó. Era posible que ya no sirvieran pero sabía que en realidad eso no era importante. Que daría igual, que la X-700 haría su trabajo.

Y salió a fotografiar el mundo, por primera vez desde la sangre y la locura, desde la pérdida y la huida, con su cámara vieja tocada por la muerte.

miércoles, 12 de marzo de 2014

La Óptica de los Paisajes. Her View (II)

Pasan meses antes de que, tras la furia, las terapias, las excusas, las disculpas, los juicios y las nuevas excusas, revele lo que ha hecho. Ese disparo fatuo, ese brindis al sol, ese grito infinito de no querer morir.
Pasan cientos de pesadillas, de noches sin dormir, antes de que el cianuro, la acetona, el mercurio y la plata revelen ese último disparo, es único disparo que no llevó ese día  la muerte a sus ojos castaños.
Y no hay dos viejos con velo y con turbante. Y no hay una imagen imposible o una nada vacía. Hay dos árboles. Dos árboles en blanco y negro. Viejos, antiguos, inclinados el uno hacia el otro. No demasiado, no siempre, no necesariamente. Distintos en forma, tamaño, fruto y floración. Pero inclinados el uno hacia el otro en mitad del paisaje.
No lo entiende. Le obsesiona. Es un tiempo y un mundo en el que todo le obsesiona. Y vuelve. Y los encuentra. Y los fotografía.
Dos sonrisas ancianas con una cámara normal, de esas digitales que ha traído el futuro. Dos árboles en blanco y negro con la muerta Minolta. Da igual lo que cambie, la imagen sigue igual. Da igual que estén juntos o no, que se miren o se hablen, que discutan o rían. El viejo muere un día en un ataque de un ejército formado por soldados que no quieren atacar y que son obligados a ello.
Da igual. Dos árboles en blanco y negro inclinados el uno hacia el otro en mitad del paisaje.
Grita, ríe y llora al borde de una locura entonces tan cercana y un hombre, vestido de terciopelo absurdo, con encajes de otro siglo cosidos en las mangas y esa sonrisa eterna de quien conoce y sabe, pasa y  grita a los cuatro viento  - ¡Las almas son paisajes! - y sigue su camino-.
Y ella comprende, sonríe y vuelve a casa. Vuelve por fin a casa.

___________________________________________________




Un zumbido la saca de su ensimismamiento, del recuerdo e incluso del recuerdo del recuerdo. Podría ser media vida pero ha sido un minuto. Mira la cámara, sola, desnuda, sin usar hace años sobre una estantería y luego mira el paisaje. El zumbido se repite. Rebusca el móvil en el agujero negro que es su bolso y lo saca. Casi pone los ojos en blanco.

MARISA
- Hoy cuando llegues comprueba el álbum de los Molinero porque no he visto fotos de las arras ¿por qué hay arras, claro?  üü  -resopla con resignación al tiempo que la ceja amenaza con salírsele del cráneo al arquearse mientras contestas y se encamina hacia la puerta-.
FORTUNA
- Los Molinero son judíos. No hay arras.  üü  Tampoco hay cruces, ni preces, ni carta de San Pablo a los Romanos -borra la última frase  del mensaje antes de enviarlo. Marisa es insegura, pesada y algo caótica, pero es buena gente o al menos lo parece. El sarcasmo para quien se lo merece-. 
MARISA
-  Vale, comprobad la música de la ceremonia. Ya sabéis que es muy importante. Habrá que poner algo… hebreo   üü  
FORTUNA
- Vale  üü    -evita aumentar el número de aes de la palabra. Debería hacerlo y enviar claro el mensaje. Pero no tiene estómago para hacerlo. Marisa es buena gente.

Arroja de nuevo el  IPhone al bolso y sale de casa. Comienza el día y deja atrás el paisaje que cuelga en su pared. Aquel que son dos viejos retratados con una cámara tocada por la muerte.

La calle era lo de siempre vista a través de los cristales de un coche que siempre era el mismo y te llevaba al mismo sitio. Gentes sin un rumbo importante o con el mismo rumbo importante de todos los días. Prisas, atascos, sonidos vacuos de una rutina mil veces repetida en su cadencia incomprendida. De una rutina mala, ¿la había de otro tipo?
Aparcó, se echó el bolso al hombro las gafas de sol a los ojos y caminó los cien metros que la separaban de las oficinas de BestDay. Cuando estaba a punto de entrar por la puerta, una de esas puertas que se abren a tu paso como bocas que te engullen, se paró y se encendió un cigarrillo.
Aspiró fuerte la primera bocanada de humo y sacó el móvil. Su dado pasó a toda prisa por la pantalla revisando el mundo, las noticias, los acontecimientos importantes, saltando de una cuenta a otra de los medios de comunicación. Una visión general de la realidad en 140 caracteres. Se paró y arqueó las cejas detrás de sus gafas.

Lo hago así@lohagoasí    5 m
‏@Sasha_AV Solo lo fingimos. El gobierno nos subvenciona para que gente como tu pueda creerse especial tuiteando escondida tras una falsa pose.

Abrió la conversación completa y entonces se rió y la retuiteó.

Sasha ‏@Sasha_AV_  45 m.
Queréis ser diferentes y no pasáis de ordinarios.

Apagó el cigarrillo en el cenicero plateado y azul de la entrada y tecleó a toda prisa.

Diosa Fortuna@diosafortuna    1 s
@lohagoasí    Nos hemos levantado con el hacha, ¿Llevo una en el bolso, te la paso?
Buenos días
Lo hago así@lohagoasí    5 m
@diosafortuna    Ya estás tardando. De doble filo por favor. Mínimo esfuerzo, máximo rendimiento.

Entró riendo en BestDay ante el discreto asombro del recepcionista que la saludó con la cabeza. Con un uniforme tan falsamente lujoso como todo en BestDay, como el mármol de suelo y de paredes, como la nobleza fingida de la madera de los asientos, como el brillo pulido de los cristales o de los oros avejentados de los picaportes.
Alguien, en un pasado ignoto y olvidado, decidió que el lujo era imprescindible para que una boda fuera inolvidable y BestDay se dedicaba a eso. A, como diría el senescal medieval, fabricar fastos de esponsales.
Subió las escaleras y accedió a la segunda planta. Abandonados los lujos de la primera planta, territorio de caza de clientes, la saludó la funcionalidad de un espacio de trabajo. Recorrió el pasillo saludando y se detuvo en su sitio. Él se giró y sonrió mientras ella se sentaba.
- Hola, reina - la saludó-
- Hola -sonrió un momento balanceándose en la silla de oficina- Tu amiga me ha mandado un mensaje -el retitín de la palabra amiga era tan evidente que casi sonó como una campana de capilla-
- Está elegida la música. Y no será el Kaddish, desde luego. No es demasiado apropiado que una boda comience con un canto en recuerdo de los muertos, por muy hermoso que sea. Angélica se ha puesto con las invitaciones de la familia de la novia y a ti te tocan las del novio. Elije las fotos que consideres apropiadas. Tú les has hecho el reportaje previo, los conoces más, ¿no te parece?
- Lo estás haciendo de nuevo -dijo ella con una mueca entre el disgusto y la resignación-
- ¿Él qué? - y la sorpresa de él estaba muy mal fingida-
- Su trabajo
- Ahora no, ¿vale? -la miró con amabilidad, con cariño, con algo más-. Ahora no.
- Vale, vale. Pero luego no te quejes.

Y se pusieron a lo suyo, al trabajo. A veces pensaba que era algo ilógico, absurdo, casi injusto. Ella había llevado al mundo las imágenes de las más crudas y duras realidades y ahora se dedicaba a fotografiar falsas sonrisas, falsas poses de falsos amores y falsas felicidades. Él había escrito las palabras más importantes de algunos de los personajes más importantes del mundo, los había seguido, los había hecho hablar y había puesto en sus bocas las palabras que querían decir, que el mundo necesitaba o quería escuchar y ahora redactaba discursos de padrinos, votos nupciales de novios y novias que seguían solteros cuando regresaban del viaje de bodas y falsas preces de ayuda y protección a un dios en el que no creía en ninguna de sus últimas tres manifestaciones históricas.

Paró un momento. Sacó el IPhone y tecleó

Diosa Fortuna @diosafortuna    1 s
Antes los hombres seguían solteros después de la boda. Ahora las mujeres también.

Volvió a guardar el móvil sin esperar respuesta y siguió trabajando. Nunca esperaba respuesta aunque sabía que la tendría.
El pez globo la marcaria como favorito en un intento absurdo de recordarle su existencia, el corte de mangas femenino lanzaría una invectiva feminista, el sombrero de paja con bastón prendería recuperar el primer puesto del ranking del cinismo en Internet y el plexo solar desnudo diría cualquier cosa que siempre se podía resumir en el mismo mensaje: “estoy disponible para casadas, viudas, solteras y divorciadas”.
Le miro y el dejaba también su teléfono móvil y volvía al trabajo. Tecleaba concentrado, como si la vida la fuera en ello, como si estuviera reescribiendo el Decamerón. Como hacía ella con sus fotos, con sus selecciones de imágenes. Como habían hecho y seguían haciendo desde que se conocían.
En cierto modo que no podía ni quería explicar se habían buscado, se habían juntado sin saberlo. Habían conectado. No tenía muy claro ni quería tenerlo en qué sentido había ocurrido todo eso. El tiempo lo diría. Esa era la clave el tiempo.
A lo mejor había sido la ilusión. A lo mejor era seguir queriendo hacerlo bien en un esfuerzo cotidiano que en realidad no era importante, no era lo que más les gustaba a ninguno de los dos, quizás era eso lo que les había llevado a estar a gusto juntos.
- Que lo que haga no me motive no significa que no me motive hacerlo bien -había dicho el en una ocasión
- Lo que se hace siempre es importante para alguien y eso sirve -había respondido ella-.
Y eso fue lo más cerca que estuvieron de una declaración de principios.
Luego llegaron los tiempos y  trabajos compartidos, las risas y las bromas, los momentos de concentración, las breves discusiones por cosas de trabajo. Los relatos de ella ilusionada de cómo había logrado que un padrino rompiera su timidez y acabara actuando como un chambelán de corte ante los invitados, los recuerdos de él entusiasmado de como una madre se había emocionado al leer un discurso nupcial que había comprendido lo que significaba justo en el momento de leerlo.
Hasta hoy.


martes, 11 de marzo de 2014

La Óptica de los Paisajes. Her View (I)


Cuando salió de la ducha esperaban para saludarla una mujer  escrutando el horizonte, un tipo con el ceño fruncido, un vaquero con las gafas ahumadas, Mae West, una actriz porno nacida en Cincinnati, tres gatos, un dragón de la lluvia y el Lago Ness.
Por no hablar de un número vagamente contable de narices, ojos, labios, lenguas, piernas y sonrisas mostradas como un bazar de saldos de facciones humanas.
- Soy como el Doctor Frankenstein -pensó sonriendo mientras recorría la pantalla del móvil aún con la toalla anudada por encima de los senos y el pelo chorreando- Podría construir un nuevo ser humano con las partes de las fotos de los retweets.

Diosa Fortuna @diosafortuna                     hace 10 m
Hoy brilláis como el cristal en vuestra fragilidad. Buenos días.

Ese era el tweet que había sido rodeado con las imágenes falsas o trucadas de sus avatares por una corte de conocidos o casi conocidos, de extraños y medio extraños.
Estuvo tentada de ponerse a componer el dantesco retrato que había imaginado y esa sonrisa que le trasladaba el rostro desde la belleza hacia la picardía se le puso de pronto. La alarma del IPhone sonó. Tendría que esperar. Hoy no tenía tiempo. Hoy el día empezaba de pronto.
Últimamente andaba algo enfrentada a ese aspecto en concreto de la existencia humana, el tiempo.
Se vistió deprisa y como lo hizo así no tuvo tiempo en reparar en si era bella o no ante el espejo, en si la ropa resaltaba su belleza o escondía lo suficiente  aquello que seguramente era mucho más bello sin esconder; pero la ropa hacía su trabajo. Se maquilló a todo correr y por eso no reparó demasiado en si sus ojos, que hubieran sido de corzo si hubieran sido tristes y de  loba si hubieran sido ávidos, resaltaban lo suficiente; pero lo hacían, aunque no fueran de corzo ni de loba y fueran solamente marrones.
EL instinto suele ser el mejor aliado en las elecciones en situaciones de urgencia.
Cogió el abrigo, el bolso, las llaves y el IPhone y se los echó a la  vida como cada mañana. Salió del cuarto se giró y vio la foto.
Dos árboles en blanco y negro. Viejos, antiguos, inclinados el uno hacia el otro. No demasiado, no siempre, no necesariamente. Distintos en forma, tamaño, fruto y floración. Pero inclinados el uno hacia el otro en mitad del paisaje.
No pudo evitarlo como no había podido evitarlo otras muchas veces. Sacó el IPhone, estaba en la memoria. La había hecho antes. La tuiteó.





La veía cada mañana, la observaba cada noche. Ocupaba la pared más grande del salón y la había hecho ella. En otro tiempo, en otra vida.
Aunque la alarma del IPhone aullaba en el interior del bolso, allá donde ninguna mano no femenina es capaz de asir algo, aunque los trinos del pájaro insistente y olvidado de la red social seguían llegando imperturbables con el comienzo del día de todos aquellos que hacen de lo real lo virtual para poder vivir una la vida que no quieren, no saben o no pueden vivir, ella se detuvo a mirarla como hacía cada mañana antes de empezar sus días cada vez con menos tiempo, antes de acabarlos con más tiempo perdido.
La había hecho ella. Aunque en realidad sabía que no. Sabía que la había hecho la cámara. Ella solamente lo sabía.
Sabía lo que las películas creían haber inventado, lo que los poetas creían haber imaginado; lo que los pintores creían haber visualizado. Todos ellos podían creerlo, imaginarlo o intuirlo.
Pero ella lo sabía. Las almas son paisajes.

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Cuando pasa el miedo, la sangre y la muerte solo queda la cámara.
Corren hasta creer que están a salvo y no lo están. Siguen corriendo.
Las balas no estallan, no resuenan, no impactan, ni siquiera son ese tableteo constante y repetido que colocan de efecto sonoro en las películas. Las balas no silban. Matan.
Los disparos hacen todo lo demás. Para las balas matan y lo hacen en silencio. Como mana la sangre, como mueren los hombres y mujeres en medio de una guerra. El silencio es la marca de fábrica de toda muerte.
Y cuando pasa, cuando pasa el silencio de la muerte, cuando pasa el metálico sabor de la huida y el doloroso canto de la sangre, sólo queda la cámara.
Una de esas de antes. Una Minolta x-700 de las que ya no queda ni memoria, de las que se usaban cuando la vida era más lenta, cuando la muerte te permitía un momento de respiro para cargar película. Una cámara vieja, de otro tiempo, de otro mundo. De otra guerra.
Nadie se atreve a recogerla salvo ella y se la queda. Con su óptica maldita que aún retiene el reflejo de una matanza innecesaria en un objetivo arañado por el silencioso tránsito de una bala. Una bala del calibre 12 destruye muchas cosas, incluidas las almas.
Y no sabe por qué pero la carga, con la parsimonia de quien reza un responso, con la pena de quien escribe una elegía, con la cadencia y el ritmo de quien entona un réquiem.
Y dispara. En un país condenado a la guerra desde su creación en el que todos disparan otras cosas, dispar una cámara rota.
Fija el destruido objetivo, inútil para la vida, en dos viejos. Dos seres que pasean cogidos de la mano en una tierra en las que las manos suelen cerrarse sobre armas y gatillos.
Y dispara. Dispara sobre la sonrisa de unos ojos arrugados que se miran despacio, que no comprenden nada, que no pasan de largo. Dispara para poder arrastrar ante  sus ojos imágenes distintas a la muerte, para poder llevar a su memoria un amor imposible en una guerra interminable.
Dispara por disparar porque cree que sabe que nunca obtendrá la imagen. La óptica está rota, la guerra la mato.

Dispara para hacer lo que hace. Para hacer algo distinto de morir.