miércoles, 12 de marzo de 2014

La Óptica de los Paisajes. Her View (II)

Pasan meses antes de que, tras la furia, las terapias, las excusas, las disculpas, los juicios y las nuevas excusas, revele lo que ha hecho. Ese disparo fatuo, ese brindis al sol, ese grito infinito de no querer morir.
Pasan cientos de pesadillas, de noches sin dormir, antes de que el cianuro, la acetona, el mercurio y la plata revelen ese último disparo, es único disparo que no llevó ese día  la muerte a sus ojos castaños.
Y no hay dos viejos con velo y con turbante. Y no hay una imagen imposible o una nada vacía. Hay dos árboles. Dos árboles en blanco y negro. Viejos, antiguos, inclinados el uno hacia el otro. No demasiado, no siempre, no necesariamente. Distintos en forma, tamaño, fruto y floración. Pero inclinados el uno hacia el otro en mitad del paisaje.
No lo entiende. Le obsesiona. Es un tiempo y un mundo en el que todo le obsesiona. Y vuelve. Y los encuentra. Y los fotografía.
Dos sonrisas ancianas con una cámara normal, de esas digitales que ha traído el futuro. Dos árboles en blanco y negro con la muerta Minolta. Da igual lo que cambie, la imagen sigue igual. Da igual que estén juntos o no, que se miren o se hablen, que discutan o rían. El viejo muere un día en un ataque de un ejército formado por soldados que no quieren atacar y que son obligados a ello.
Da igual. Dos árboles en blanco y negro inclinados el uno hacia el otro en mitad del paisaje.
Grita, ríe y llora al borde de una locura entonces tan cercana y un hombre, vestido de terciopelo absurdo, con encajes de otro siglo cosidos en las mangas y esa sonrisa eterna de quien conoce y sabe, pasa y  grita a los cuatro viento  - ¡Las almas son paisajes! - y sigue su camino-.
Y ella comprende, sonríe y vuelve a casa. Vuelve por fin a casa.

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Un zumbido la saca de su ensimismamiento, del recuerdo e incluso del recuerdo del recuerdo. Podría ser media vida pero ha sido un minuto. Mira la cámara, sola, desnuda, sin usar hace años sobre una estantería y luego mira el paisaje. El zumbido se repite. Rebusca el móvil en el agujero negro que es su bolso y lo saca. Casi pone los ojos en blanco.

MARISA
- Hoy cuando llegues comprueba el álbum de los Molinero porque no he visto fotos de las arras ¿por qué hay arras, claro?  üü  -resopla con resignación al tiempo que la ceja amenaza con salírsele del cráneo al arquearse mientras contestas y se encamina hacia la puerta-.
FORTUNA
- Los Molinero son judíos. No hay arras.  üü  Tampoco hay cruces, ni preces, ni carta de San Pablo a los Romanos -borra la última frase  del mensaje antes de enviarlo. Marisa es insegura, pesada y algo caótica, pero es buena gente o al menos lo parece. El sarcasmo para quien se lo merece-. 
MARISA
-  Vale, comprobad la música de la ceremonia. Ya sabéis que es muy importante. Habrá que poner algo… hebreo   üü  
FORTUNA
- Vale  üü    -evita aumentar el número de aes de la palabra. Debería hacerlo y enviar claro el mensaje. Pero no tiene estómago para hacerlo. Marisa es buena gente.

Arroja de nuevo el  IPhone al bolso y sale de casa. Comienza el día y deja atrás el paisaje que cuelga en su pared. Aquel que son dos viejos retratados con una cámara tocada por la muerte.

La calle era lo de siempre vista a través de los cristales de un coche que siempre era el mismo y te llevaba al mismo sitio. Gentes sin un rumbo importante o con el mismo rumbo importante de todos los días. Prisas, atascos, sonidos vacuos de una rutina mil veces repetida en su cadencia incomprendida. De una rutina mala, ¿la había de otro tipo?
Aparcó, se echó el bolso al hombro las gafas de sol a los ojos y caminó los cien metros que la separaban de las oficinas de BestDay. Cuando estaba a punto de entrar por la puerta, una de esas puertas que se abren a tu paso como bocas que te engullen, se paró y se encendió un cigarrillo.
Aspiró fuerte la primera bocanada de humo y sacó el móvil. Su dado pasó a toda prisa por la pantalla revisando el mundo, las noticias, los acontecimientos importantes, saltando de una cuenta a otra de los medios de comunicación. Una visión general de la realidad en 140 caracteres. Se paró y arqueó las cejas detrás de sus gafas.

Lo hago así@lohagoasí    5 m
‏@Sasha_AV Solo lo fingimos. El gobierno nos subvenciona para que gente como tu pueda creerse especial tuiteando escondida tras una falsa pose.

Abrió la conversación completa y entonces se rió y la retuiteó.

Sasha ‏@Sasha_AV_  45 m.
Queréis ser diferentes y no pasáis de ordinarios.

Apagó el cigarrillo en el cenicero plateado y azul de la entrada y tecleó a toda prisa.

Diosa Fortuna@diosafortuna    1 s
@lohagoasí    Nos hemos levantado con el hacha, ¿Llevo una en el bolso, te la paso?
Buenos días
Lo hago así@lohagoasí    5 m
@diosafortuna    Ya estás tardando. De doble filo por favor. Mínimo esfuerzo, máximo rendimiento.

Entró riendo en BestDay ante el discreto asombro del recepcionista que la saludó con la cabeza. Con un uniforme tan falsamente lujoso como todo en BestDay, como el mármol de suelo y de paredes, como la nobleza fingida de la madera de los asientos, como el brillo pulido de los cristales o de los oros avejentados de los picaportes.
Alguien, en un pasado ignoto y olvidado, decidió que el lujo era imprescindible para que una boda fuera inolvidable y BestDay se dedicaba a eso. A, como diría el senescal medieval, fabricar fastos de esponsales.
Subió las escaleras y accedió a la segunda planta. Abandonados los lujos de la primera planta, territorio de caza de clientes, la saludó la funcionalidad de un espacio de trabajo. Recorrió el pasillo saludando y se detuvo en su sitio. Él se giró y sonrió mientras ella se sentaba.
- Hola, reina - la saludó-
- Hola -sonrió un momento balanceándose en la silla de oficina- Tu amiga me ha mandado un mensaje -el retitín de la palabra amiga era tan evidente que casi sonó como una campana de capilla-
- Está elegida la música. Y no será el Kaddish, desde luego. No es demasiado apropiado que una boda comience con un canto en recuerdo de los muertos, por muy hermoso que sea. Angélica se ha puesto con las invitaciones de la familia de la novia y a ti te tocan las del novio. Elije las fotos que consideres apropiadas. Tú les has hecho el reportaje previo, los conoces más, ¿no te parece?
- Lo estás haciendo de nuevo -dijo ella con una mueca entre el disgusto y la resignación-
- ¿Él qué? - y la sorpresa de él estaba muy mal fingida-
- Su trabajo
- Ahora no, ¿vale? -la miró con amabilidad, con cariño, con algo más-. Ahora no.
- Vale, vale. Pero luego no te quejes.

Y se pusieron a lo suyo, al trabajo. A veces pensaba que era algo ilógico, absurdo, casi injusto. Ella había llevado al mundo las imágenes de las más crudas y duras realidades y ahora se dedicaba a fotografiar falsas sonrisas, falsas poses de falsos amores y falsas felicidades. Él había escrito las palabras más importantes de algunos de los personajes más importantes del mundo, los había seguido, los había hecho hablar y había puesto en sus bocas las palabras que querían decir, que el mundo necesitaba o quería escuchar y ahora redactaba discursos de padrinos, votos nupciales de novios y novias que seguían solteros cuando regresaban del viaje de bodas y falsas preces de ayuda y protección a un dios en el que no creía en ninguna de sus últimas tres manifestaciones históricas.

Paró un momento. Sacó el IPhone y tecleó

Diosa Fortuna @diosafortuna    1 s
Antes los hombres seguían solteros después de la boda. Ahora las mujeres también.

Volvió a guardar el móvil sin esperar respuesta y siguió trabajando. Nunca esperaba respuesta aunque sabía que la tendría.
El pez globo la marcaria como favorito en un intento absurdo de recordarle su existencia, el corte de mangas femenino lanzaría una invectiva feminista, el sombrero de paja con bastón prendería recuperar el primer puesto del ranking del cinismo en Internet y el plexo solar desnudo diría cualquier cosa que siempre se podía resumir en el mismo mensaje: “estoy disponible para casadas, viudas, solteras y divorciadas”.
Le miro y el dejaba también su teléfono móvil y volvía al trabajo. Tecleaba concentrado, como si la vida la fuera en ello, como si estuviera reescribiendo el Decamerón. Como hacía ella con sus fotos, con sus selecciones de imágenes. Como habían hecho y seguían haciendo desde que se conocían.
En cierto modo que no podía ni quería explicar se habían buscado, se habían juntado sin saberlo. Habían conectado. No tenía muy claro ni quería tenerlo en qué sentido había ocurrido todo eso. El tiempo lo diría. Esa era la clave el tiempo.
A lo mejor había sido la ilusión. A lo mejor era seguir queriendo hacerlo bien en un esfuerzo cotidiano que en realidad no era importante, no era lo que más les gustaba a ninguno de los dos, quizás era eso lo que les había llevado a estar a gusto juntos.
- Que lo que haga no me motive no significa que no me motive hacerlo bien -había dicho el en una ocasión
- Lo que se hace siempre es importante para alguien y eso sirve -había respondido ella-.
Y eso fue lo más cerca que estuvieron de una declaración de principios.
Luego llegaron los tiempos y  trabajos compartidos, las risas y las bromas, los momentos de concentración, las breves discusiones por cosas de trabajo. Los relatos de ella ilusionada de cómo había logrado que un padrino rompiera su timidez y acabara actuando como un chambelán de corte ante los invitados, los recuerdos de él entusiasmado de como una madre se había emocionado al leer un discurso nupcial que había comprendido lo que significaba justo en el momento de leerlo.
Hasta hoy.


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