martes, 8 de abril de 2014

La Psicología de los Mares (yV)

Los mares se enamoran de mil seres y estares, yacen con ellos, los arrullan, los atraen y se dejan amar  por ellos. Los mares se enamoran y luego paren monstruos.
Se enamoran de los barcos que pasan sobre sus aguas dejando estelas de burbujas sonrientes y alumbran sirenas que varadas y sujetas en rocas y arrecifes atraen a otros barcos a estrellarse en medio de su canto como venganza de aquellos que pasaron sin echar ancla alguna en sus aguas.


Se enamoran de los vientos furiosos e inconstantes y dan a luz terribles remolinos que lo devoran todo en su frenético girar, que introducen a otros vientos en su seno en una danza de muerte y destrucción que arrasa todo aquello que pasa junto a ellos, que devora sus almas, que les hace luchar contra sí mismos.
Se enamoran de islas silenciosas que rodean de espuma, de sonrisas, que abrazan como haría una madre con un hijo callado y silencioso. Se agotan en un esfuerzo de llamar la atención de tierras que están solas, vueltas hacia sí mismas, insensibles. Que toman de los mares lo que quieren sin soltar nunca nada, sin entregarse a ellos, sin amarlos. Y cuando aman a una isla vacía silenciosa y desolada los mares siguen yermos. No se puede alumbrar nada de alguien que vive, ama y muere solo para sí mismo.
Los mares se enamoran de los acantilados y saltan hacia ellos para abrazarles. Se estrellan contra ellos una y mil veces sin lograr empapar su roca impermeable mientras ellos reciben las caricias de otros mares a su espalda. Y traen al mundo monstruos de cientos de ojos y tentáculos que pretenden tocar todos los mares, quedarse un instante con lo bueno de todos ellos, mirar a todos, tocar a todos, ser amados por todos.
Se enamoran de lunas y de soles que les iluminan desde lejos. Miran a ellos con tenues esperanzas de que cualquiera de las veces que se esconden en ellos se quede para siempre en su seno. Y traen al universo luminarias, auroras boreales, falsos faros que atraen al amor con promesas queridas, con reflejos falaces, con rayos mentirosos para luego alejarse dejando que el frío del invierno les congele las aguas a los mares, les entumezca las espumas de sonrisas, les escarche de lágrimas las olas.
Y también se enamoran del os hombres.
Hombres pequeños que pretenden abarcar a los mares y encerrar todo su ser en una mísera botellas, de hombres que les esquilman de vida y de riqueza sin amarles, hombres que se zambullen en ellos para olvidar sus pidas y exigen que les curen les heridas, les tapen las vergüenzas, les curen los dolores.
Y dan a luz nereidas inconstantes que vienen y van de corriente en corriente, tritones indecisos con un miedo infinito a quedarse en un mar por miedo a no probar el agua de todos los demás, piratas, bucaneras y corsarios que usan sus aguas y sus olas para cabalgar sobre ellos ansiando las riquezas de otros, almirantes y capitanes que tiñen sus aguas con sus sangres en constantes recuerdos de sus odios.


Y dioses que pretenden domar los mares y vencerlos; engañarlos y convencerlos. Dioses que pretenden que los mares les sirvan y obedezcan. Los mares se enamoran. Aunque su mente pueda decirles que no deben hacerlo. Sus aguas siempre gritan lo contrario.

- ¿Ves? - y la mujer le saco la lengua al océano infinito y se zambulló en él para desaparecer-  A lo mejor si escuchas…, por cierto, ¿intentasteis alguna vez amar a un faro hasta que pasara del todo la tormenta?- Y Hasta los mares notaron algo raro en que la voz de alguien pudiera hacerse oír cuando tenía la boca cerrada bajo el agua.

No fue como el mundo creado de la nada por Insanj, no fue como hubieran cantado los  bardos y poetas, ni como hubieran esperado los cínicos y recomendado los expertos.
Los mares se volvieron hacia dentro de sí mismos, fijaron la atención en sus fondos, sus lechos rocosos, sus aguas profundas, sus corrientes de fondo.
Y las sintió repentinamente caldeadas, repentinamente confiadas, repentinamente distintas. Sintió el canto de la piedra, el fluir del mercurio incandescente por los fondos marinos. No podía entenderla. Era demasiada lenta para su fluir, demasiado quieta para sus continuas y constantes inquietudes, para sus incesantes movimientos. Pero la sentía.
Y ese sentimiento descubierto llevó la atención de los mares de nuevo al borde del Abismo del Principio del Mar, y ese sentimiento por ellos revelado por la piedra le hizo que alzara las olas de sus ojos para mirar al fondo.
Y lo vio.
Contemplo en ese fondo oscuro y apenas penetrable los sedimentos, los cascotes, los trozos arrancados de la piedra del alma del faro en su intento de llegar con su voz a la zona profunda de los mares. Los vio, arrancados de cuajo, desgastados, arañazos. Las olas se acercaron un poco más y los vieron felices, retumbantes de canto por servir de principio a llenar el vacío que era el abismo, por sentir que podía atravesarlo, por percibir que podía sentir los mares y sus aguas a través de ese espacio que ahora era un poco menos hondo.
Y quiso completarlos, deseo acariciarlos. Y lo hizo. Los mares siempre hacen lo que quieren hacer en cada tiempo.
No arrojó sus olas sobre el tajo ni arrastró sus mareas de otras costas para llenar el tajo. Ni siquiera dejó caer sus aguas contenidas en una inmensa cascada que recorriera impaciente las paredes rocosas.
Pero lo hizo. Hileras de agua descendieron por los surcos que el viento y la voz de la piedra habían tallado en las paredes. A veces ínfimos regueros apenas perceptibles, otras veces eran riachuelos fortalecidos por la física de la presión y del descenso. Otras, las menos, ríos salados y delgados que caían deprisa hasta el fondo y anegaban los cantos y la arena salida del habla del faro.

- El fondo se hará barro al principio- expresó su temor como lo hacen lo mares, con un silencio. Pero ahora un silencio distinto. Un silencio que no tenía ausencia-.

- Supongo que ha de ser así. -contestó el faro con su habla. Y en su voz  ya no había tristeza ni impaciencia- Dicen que un viejo dios que ya nadie recuerda construyó del barro a los humanos.

En un mirador que había salido de ninguna parte, dos figuras que habían aparecido de ningún sitio se apoyaron en una barandilla de metal que antes no estaba allí.

- Esto va a llevar tiempo -dijo el Duque de Lesskin sacando su metálico rectángulo del bolsillo-

- Hace falta tiempo para que un faro se deshaga en un mar, ¿no te parece? -replicó la Baronesa de Lesskin al tiempo que volvía a contemplar su esfera contadora de horas- No es fácil hacer que un mar haga lo que quiere hacer -miró al tajo por el que de un lado caían las piedras y la arena y por otro los regueros de agua- ¿Qué serán si esto acaba?, ¿qué pueden ser?

- Serán playa. - Afirmó el hombrecillo con la mirada pérdida en el horizonte y apretó el rectángulo metálico con el dedo.  La belleza normal de la mujer volvió a alcanzar el rango de sublime al sonreír-.


L@S SINCUERPO
JINETE
- Si vuelve a ser, no será tan espectacular, viejo amigo. Y lo sabes  üü
NOMUERTO
- No vayas de listo conmigo, Errante ¿Es que ya nadie valora la hipérbole poética?  üü
BARONESA
-  Siempre que es, es espectacular. Ocurra como ocurra. üü
NOMUERTO
- Y tú, Hacedor, podrías haber puesto nombre a los mares para que no fuera tan difícil llamarles y captar su atención. üü
INSANJ

- Lo hice. Llamé mujer al mar y hombre a todo lo demás. üü

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