(Todo ficción o todo realidad. Elegid)
Un día te despiertas
Y recuerdas que hubo otro día que también despertaste, que
viste o creíste contemplar el atisbo posible de la vida que querías vivir.
Que buscaste vivirla, que quisiste atraparla. Que creíste
encontrarla.
Recuerdas que hubo un día que creíste regresar a la vida.
Que quisiste hacértelo vivir con las sonrisas, que buscarte
hacértelo crecer con las palabras, con momentos y cañas, con caricias, miradas,
largas conversaciones que nunca terminaban. Con deseos, saludos y frases de 140
letras encajadas en tu alma.
Recuerdas que por mantenerlo vivo te arrojaste a su abismo,
te enganchaste a sus ojos, te pusiste en sus manos. Te diste en miles de
palabras que no se recibieron, que nunca se leyeron, que no se devolvieron.
Recuerdas que, por darle existencia a tu vida, te cargaste
de tiempo, te armaste de paciencia, te vestiste de espera. Quisiste disfrazar
la demora con gestos que fueron olvidados, acelerar la pausa con detalles que
fueron ignorados.
Recuerdas que al saber que querías vivir tu vida como parte
de Ella decidiste esperar que Ella decidiera vivirla un poco a tu manera.
Un día te despiertas.
Y recuerdas que creíste que el día había llegado, que fiaste
tu vida a un viaje infinito, a un momento de magia donde el mundo no podía
tocaros, donde estuvisteis solos. A un remedo, a un ensayo. A un estar a su
lado.
Recuerdas que sentiste que desde ese momento la ilusión
desplegada crearía emociones, haría acelerar las manillas del tiempo, alzaría
pasiones, derribaría muros, mataría temores. Pero todo fue en vano.
El tiempo, eso que siempre pareció tu enemigo y el suyo,
permanecía quieto, hierático, parado entre tu biografía, tú y aquella que podía
devolverte la vida.
Recuerdas que creíste resucitar un domingo cualquiera, con
la vida en tus manos, el amor en sus labios y el futuro en su cuerpo. Que
albergaste esperanzas de que el tiempo al fin moviera los relojes de su alma,
dirigiera su brújula hacia ti, elevara su astrolabio a tu cielo.
Pero un día despiertas y descubres el fin de tus recuerdos.
Descubres que los whiskies nocturnos ya no derraman tus
lágrimas por dentro, que el fermento de todas las cervezas ya no te hace
sonreír hacia afuera. Que sus ojos, sus labios, sus sonrisas, sus gestos, que
aún te hacen vivir, ya no hacen sentir que Ella quiera parte de esa vida
contigo.
Descubres que un viaje no te llena la vida, que un momento
de pasión y placer, malamente resuelto pero bello y perfecto, no te arranca de
ti ni aleja a Ella de ese tiempo estacado que la para por dentro.
Descubres que el atlas de sus nubes no lleva tu retrato, que
su vida no precisa de nada de la tuya, que tus fiestas no figuran nunca en su
calendario, que tu risa nunca llega a su vida, que tu llanto nunca llega a su
sueño. Que nada de lo que digas hagas o escribas atrapará su tiempo o su ilusión.
Descubres que eso que pareció ser la huida de la pena de
estar y seguir muerto para toda tu vida fue un engaño del tiempo, que nunca te
indultó. Solo firmó un lento aplazamiento para tu ejecución.
Un día te despiertas comprendes
Comprendes con rabia que mañana será un día como son otros
tantos. Con las mismas sonrisas, con los mismos saludos, con lo mismos
silencios.
Comprendes con tristeza que el amor que tienes y que
quisiste dar ha llegado muy tarde, ha llegado a destiempo, que regresas al muro
en que eres inmortal por no poder vivir
Que el barco que esperabas ha zarpado sin ancla para Ella o
para ti.
Comprendes, como diría el fatuo personaje mutilado y
rendido, que aquello que está muerto ya no puede morir.

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